Vencer la violencia

Por: José Luis Ysern de Arce 2018-07-11
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

A simple vista parece que estamos viviendo en una cultura muy violenta. Un botón de muestra: en una encuesta realizada por este mismo diario, 74% de las respuestas aparecen a favor de las torturas y vejaciones que recibieron en la cárcel dos ecuatorianos, imputados por el asesinato de una mujer. Quiere decir que los autores de estas respuestas están a favor de la venganza y les parece bien la actitud de tomarse la justicia por sus manos. Si seguimos pensando así regresaremos a la edad de la cavernas, y en nada nos pareceremos a una sociedad civilizada, democrática, respetuosa de los Derechos Humanos. En una sociedad culta y civilizada repudiamos todo atentado contra la dignidad humana, sabemos que la persona es sagrada y digna del máximo respeto, pero también sabemos que hay instituciones encargadas de juzgar y castigar a quienes atenten contra dichos principios. Nadie puede tomarse la justicia por sus manos.

El resultado de la encuesta comentada es un botón de muestra, pero vemos muchos más: hay bullying en las escuelas, en las calles vemos actitudes matonescas y prepotentes en algunos automovilistas,  peatones que sin respeto alguno botan desperdicios en la calle (eso también es violencia), locales de entretención que producen ruidos molestos y músicas a máximos decibeles sin respeto alguno por el vecindario, vemos cómo en Internet, desde el anonimato y a través de las redes sociales, se enloda y denigra el buen nombre de las personas.

Algunos creen que solo hay violencia cuando aparecen hechos de sangre, pero no es así. La violencia tiene muchas caras, algunas bastante sutiles, y puede aparecer a veces hasta con guante blanco y rostro sonriente. Hay violencia física, verbal, gestual, antiecológica, psicológica. Somos violentos también por comodidad y pasividad, como sucede por ejemplo cada vez que presenciamos injusticias y nos quedamos callados por miedo al jefe o a quien sea; de ese modo nuestro silencio nos hace cómplices con el violento que se siente aplaudido por los demás, y desde luego no aprendemos a ser solidarios con quien padece la injusticia. Hay violencia, en una palabra, cada vez que en nuestra manera de ser y actuar producimos o somos cómplices de algún quiebre en la convivencia.

¿Qué pasa en nuestra cultura, en nuestra sociedad? Siempre tengo tendencia al optimismo y a la esperanza. Creo más en la bondad que en la maldad de la gente, y por eso estoy seguro de la radical bondad que existe en el alma de Chile y de nosotros los chilenos. En su gran mayoría los chilenos somos gente de buen corazón; no podemos permitir que la violencia se apodere de nosotros. La tenemos que derrotar. Es cuestión de educación que parte desde la familia y se afirma en la escuela. Desde niños hasta adultos no permitamos jamás que los violentos asuman puestos de liderazgo; con los Quilapayún cerramos la muralla a los violentos, pero la abrimos bien abierta al corazón del amigo, a la rosa y al clavel.

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