James Hamilton: “La acción de Pellegrin es de claro encubrimiento”

Por: Nicole Contreras Fotografía: Agencia Uno 10:00 PM 2018-07-07

Luego de correr el velo que protegía a la Iglesia Católica chilena en 2009, al denunciar por abuso sexual a Fernando Karadima y enfrentar un juicio en el que a pesar de que se reconoció la veracidad de su testimonio, no pudo evitar que su agresor permanezca en un hogar de ancianos, el cirujano James Hamilton afirma que ya no cree en dioses pintados en una pared. 

Sí cree en que la justicia puede cambiar y en que es importante que las víctimas denuncien, sin presión. En esta entrevista se refiere al trabajo de Fundación para la Confianza, del que es uno de sus directores y fundadores, cuya creación fue inspirada en su caso personal, pero que pretende ayudar a todos los menores víctimas de abusos, no tan solo cometidos por miembros de la Iglesia Católica. Y se centra en ellos para cuestionar el actuar del obispo Carlos Pellegrin ante las últimas denuncias por delitos de abusos que comienzan a quitar el velo que también existe en la Iglesia de Ñuble.

-¿Cuál es el procedimiento que utiliza la fundación para apoyar a las víctimas?

-Hay varias aristas de recepción de denuncias, primero  de encauzar a las víctimas en qué hacer, tanto por el lado psicológico, que es lo más importante, y lo  que corresponde a la denuncia de la víctima, si se está en condiciones. Y por otro lado la prevención y educación sobre abusos y enfermedades del poder. Existe un área de asesoramiento a instituciones sobre lo que es el abuso y también una función de supervisión y de observación, de que ciertas normas con respecto a trato de la infancia se cumplan. 

-La visita del Papa Francisco motivó que las víctimas denunciaran...

-En cierta manera sí, sobre todo en la última carta del Papa, “Pueblo de Chile”,  reconociendo toda esta postura de encubrimiento y la perversión, dio paso para que las víctimas se atrevieran y que aparecieran, que reflotaran estos casos tan lamentables, tan atroces, como del grupo de sacerdotes de Chillán, como el del obispo  Francisco José Cox y otros.  Es importante recalcar que estas no son situaciones de malos entendidos, como dice un director de cine. Estamos hablando de abuso a menores, que es un crimen, y cada vez está quedando más claro que es un crimen de lesa humanidad. 

-¿Cómo evalúa el actuar de Carlos Pellegrin al informar las denuncias contra miembros de la Iglesia?

-Yo solo veo los hechos objetivos que muestran que tiene un grupo de sacerdotes reconocidos criminales y abusadores de menores. Tan crítico fue eso que uno de ellos fue asesinado de varias puñaladas, lo cual habla de la rabia del agresor, que pudo haber sido perfectamente una de sus víctimas, lo cual da entender la envergadura y la gravedad de todos estos hechos. La acción del obispo es de claro encubrimiento, y este obispo que debiera estar hace mucho rato en manos de la justicia, encarna completamente la carta del Papa, donde habla de la cultura del encubrimiento y de la perversión. Ese obispo,  que fue rector de un colegio de Santiago y que en su época como rector ya se hablaban de situaciones irregulares entre los sacerdotes de la congregación -Misioneros del Verbo Divino-, la misma que intentó ocultar al sacerdote filipino que abusó de dos menores de seis años. Ese obispo es el que tienen ahí en Chillán. Y es el mismo obispo que fue rector de un colegio donde hubo suicidios de menores que nadie se explica, y que quieren atribuirle a estados de depresión. Hoy en día sabemos que las depresiones en los niños y adolescentes también tienen que ver con situaciones de abuso en la infancia. Lo único que me genera es desconfianza, repulsión, el actuar tan lejos de lo que su investidura debiera representar.

-¿Debería el Papa aceptar la renuncia del obispo Pellegrin?

-Yo no le voy a estar diciendo al Papa lo que tiene que hacer. La verdad es que no me importa lo que hagan ellos, a mí lo que me importan son las leyes chilenas. Debiera la Fiscalía, la justicia, estar tras Pellegrin y todos los abusadores. Porque que lo saque o no el Papa, no le va a quitar el hecho de que sea un encubridor de crímenes.  Ahora, si la justicia eclesiástica declara abiertamente que son encubridores, cuanto mejor.

-¿En la fundación también asesoran a víctimas de abuso por parte de miembros de la Diócesis de Chillán?

-Han habido algunas personas, pero todo eso es un tema privado, que se mantiene con absoluta reserva por delicadeza y por deber de secreto profesional hacia las víctimas y todas las personas que quieran acudir. Nosotros vemos casos de todo Chile, no solo por miembros de la Iglesia, sino también a los que han sufrido abusos en la familia, en los colegios, etc. No hay discriminación en los casos. 

-Francisco José Cox tiene denuncias por abuso sexual y está radicado en Alemania. Sus posibles encubridores son figuras importantes en la Iglesia chilena…

-A mi entender él debiera estar en un proceso en la justicia, pero las leyes están cambiando y quizás mañana sí se den las herramientas posibles para poder juzgar,  extraditar y encarcelar a todos estos criminales abusadores de menores. 

-¿Y el caso de Renato Toro, el último caso que se supo en Ñuble?

-Prefiero no hablar más de eso, porque mi postura es de total repudio. Lo que vaya a hacer la Iglesia ya no me importa, yo ya no soy católico. Toda su jerarquía está destruida, y la Iglesia que debe salir adelante, que es la del pueblo, de los pocos sacerdotes buenos que quedan, todavía está oprimida por todos estos otros.  Pero eso no resuelve el problema del abuso, el abuso se resolverá  cuando sea perseguido por la justicia ordinaria y por el Estado de Chile.  Nosotros lo que necesitamos son los cambios en las leyes, que el Estado de Chile tenga las herramientas para juzgar a esa gente, y que las víctimas se atrevan a hablar cuando estén en condiciones. 

-¿Cómo se toma la decisión de hablar según su experiencia personal?

-Es una decisión muy difícil y se toma después de muchos años. El primer tiempo, que puede ser para toda la vida, es un proceso de confusión, en el fondo uno se siente culpable. Muchas mujeres se sienten culpables de, entre comillas, haber provocado a su padre de abusarlas, porque hay un doble vínculo, hay una cosa sórdida en que el padre entra en un chantaje emocional, de amor y odio, eso es muy terrible y hay gente que queda atrapada en esa telaraña durante toda la vida. Para pasar a la etapa de darse cuenta de que se es víctima se requiere intervención de terceros: una familia, una persona que ayude, una pareja, un psicólogo, psiquiatra, cualquier profesional o miembro social. Es necesario que esa persona externa le haga ver que fue víctima. Cuando uno descubre que es víctima, viene la etapa de si decide o no decide contar, y eso es privativo y no debe jamás presionarse a una víctima para denunciar. 

-Y cuando se decide denunciar, ¿cómo se vive el proceso judicial?

-En Chile pésimo, porque el tema es que no están dadas las condiciones, ni las garantías, ni el cuidado por el Estado hacia la víctima. Recién se está avanzando lentamente, y como hoy todavía existe la prescripción que es una cosa irrisoria, y las penas también son irrisorias, las condiciones legales hacen que todos estos crímenes queden impunes. Pero eso está cambiando. Así que le digo a toda la gente que sepa que eso va a cambiar y que el futuro que viene va a ser un futuro que se preocupe mejor de la infancia.

-¿Se puede mantener la fe?

-En mi caso no. La fe cambia, yo siento una fe más madura, pero ya no en religiones, ni en dioses pintados en una pared. Cambia todo, puede ser que tenga otro concepto de lo que es divino y de la creación, pero adscribirse a un culto religioso no.

-¿Cómo fue la acogida del Papa en su visita a Roma? ¿Cómo evalúa su trabajo en proteger a las víctimas?

-La acogida del Papa fue muy buena y generosa. Con respecto a la respuesta del Papa a las víctimas, creo que queda mucho por hacer. La Iglesia se ha ido manifestando en una remoción de obispos, pero hasta el momento no se ha hecho nada concreto en cuanto a la prevención, a la justicia y a la reparación de las víctimas. Lo que se está haciendo es un cambio en la estructura de la jerarquía de la Iglesia, la cual ha sido  insostenible. Por ahora el cambio sigue siendo cosmético, pero yo tengo la confianza que a futuro va a haber un cambio mucho más trascendente. 

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