De “La Muralla” de Guillén al muro de Doña Francisca III

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-05-11
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

“Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos, los negros, sus manos negras, los blancos, sus blancas manos. Una muralla que vaya desde la playa hasta el monte desde el monte hasta la playa, allá sobre el horizonte“.

Esta bella canción interpretada en todo el mundo, musicalizada por Los Quilapayún, es un poema de Nicolás Guillén. Dice relación con una historia de la inclusión social, donde el espíritu y la materia se funden para construir una sociedad integrada, donde la igualdad es una opción por la justicia y la libertad. Es una integración espiritual por cuanto reconoce la diversidad humana, con sus características más sutiles. Y es material, porque aboga por una integración del territorio. Por último utiliza el simbolismo del valor de un acto creativo como es la construcción, donde el trabajo será siempre en equipo, pero a su vez integrando a seres humanos diversos. 

Esta muralla que representa el sueño universal, donde todos seamos iguales y hermanos, parece estar en el otro extremo de la construcción del muro en la Villa Doña Francisca III. Ciento treinta metros de muro separan desde hace unos días a esta villa de un sitio eriazo, que concentraba actividades pocos saludables para los habitantes de la villa, con la consecuente sensación de inseguridad. 

Es inevitable traer a la memoria los muros que se han construido en Palestina, para aislar y sitiar a ese pueblo, bajo el supuesto que es un pueblo terrorista. Belén la bella ciudad Palestina donde se encuentra la Iglesia de la Natividad, es una ciudad sitiada por una muralla. Justamente es Belén desde donde vienen la mayoría de las familias palestinas instaladas en Chillán, y son ciudadanos honestos y pacíficos. 

Esta construcción va exactamente en la línea contraria de lo que es el manejo de la seguridad, en un espacio público. La sensación de inseguridad de los habitantes de la Villa Doña Francisca III se convertirá en el corto plazo en inseguridad real. Han perdido el control social de lo que ocurre u ocurrirá al otro lado de la muralla, aspecto esencial en el control del espacio público. Por otro lado los fondos que se han destinado a su construcción, podrían perfectamente haberse destinado a la propia comunidad para que construyera y auto gestionara en ese sitio un parque, por modesto que fuera. 

Está comprobado que una forma de combatir la delincuencia, que es la gran justificación en este muro, es la construcción de áreas verdes y parques comunitarios, en la cual la comunidad se hace cargo de su gestión y por consecuencia de su control. 

Chillán que por otro lado que sufre un dramático déficit fue áreas verdes, ha dejado pasar por decisión de su autoridad una oportunidad de resolver varios problemas de una vez. Por el contrario se ha optado por una solución cortoplacista, en que a la vuelta del muro recién construido, con toda seguridad se generará más degradación, más delincuencia, más droga, exactamente lo que se quiere evitar, con el agravante que se ha perdido el control sobre espacio baldío. 

Lo que viene ahora serán serpentinas, alambres de púas y otras especies de la misma naturaleza. La comunidad de Doña Francisca III aún tiene una oportunidad, convertir el muro en “La Muralla” de Nicolás Guillén.

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