Más de 5 mil personas despidieron al alcalde Fernando Chávez Guíñez

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:40 PM 2016-05-11

Se abrió la tierra que lo vio nacer para llevárselo a un lugar en el que todos lo sentirán omnipresente. Nada podría ser mejor que eso para alguien que quería estar en todas partes y al mismo tiempo.


Su madre, la cantante soprano Rebeca Guíñez, estaba ahí escuchando todo.


A su hijo Fernando lo acusaron, desde el alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, hasta el senador Víctor Pérez, de hiperkinético, de trabajólico, de no pasar ni cinco minutos en las celebraciones familiares por “mandarse a cambiar” donde la gente lo necesitaba.


Su niño travieso le hizo diabluras al ministro de Obras Públicas para presentarle 40 proyectos para Pinto; las mismas al ex Presidente Sebastián Piñera para pedirle otros 100. El propio ex Mandatario lo acusó frente a su mamá.

Lo delataron de haberse ido a meter a Arica sin permiso de nadie para pedir (y conseguir) que la próxima reunión de la Asociación de Radiodifusores de Chile se hiciera en Pinto.


Frente a su mamá, lo acusaron de haberle hecho creer a tanta gente que las Termas de Chillán se llamaban las Termas “minerales de Pinto”.

Y peor aún, lo acusaron de haber dejado en segundo plano a su abuelo Manuel como jefe comunal.

Por eso hubo lágrimas y risas dibujadas en la cara de Diva Rebeca Guíñez.


Ella, la cantante, la mamá esperó paciente que terminaran los discursos acusadores en el Cementerio Parque Las Flores y como si tomara en brazos a su pequeño, como cuando llegaba todo sucio y sudado de tanto jugar, en vez de castigarlo por travieso, le cantó “a capella”, para hacerlo dormir.


Eran las 16.10 horas de este martes  y los funerales del alcalde de Pinto, Manuel Fernando Chávez Guíñez, habían terminado.


“Ahora lo entendemos”
Fueron más de cinco horas de discursos y despedidas las que le dieron contexto a los cortejos fúnebres que pasarán a la historia de Ñuble y en especial la de Pinto.


Su partida despertó una necesidad inédita por decir algo en todos los actores sociales y políticos de Ñuble, la Región del Bío Bío y de varias autoridades del país, entre ellas al ex Presidente Sebastián Piñera.


Cinco horas de palabras que redundaban en  su calidad humana, su transversalidad, y vocación de servicio.


“Es casi imposible despedir a alguien que está más vivo que nunca. ¿Cómo te vamos a despedir, Fernando, si ahora estás en todas partes?”, dijo el alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, quien fue el primero en tomar la palabra en el Cementerio Parque Las Flores.


Lo siguieron dirigentes vecinales, familiares, amigos y correligionarios de la UDI, quien lo recordaron en su faceta humana como cuando “iba a las casas más modestas a escuchar las necesidades de los vecinos, sentado en un cajón de tomates y compartiendo un mate con quienes luchan cada invierno con el frío precordillerano”, dijo uno de sus tíos presentes en el cortejo.


Otras anécdotas lo sitúan  cuando llegó “corriendo a la parroquia de Coihueco justo cuando la estaban cerrando y le pidió al párroco que no la cerrara porque había venido de Pinto exclusivamente a rezarle a San Sebastián”, o cuando en Concepción simuló que había quedado en pana para pedirle al ministro de Obras Públicas de la época que lo llevara hasta Chillán, ya que la autoridad debía volver a Santiago.


“Y en ese viaje le presentó más de 40 proyectos para Pinto”, dijo el senador Pérez, arrancando las risotadas de todos quienes asistieron a la misa oficiada por el obispo Carlos Pellegrin en el gimnasio municipal de Pinto.


Las palabras del alcalde de Colina, Mario Olavarría, presidente de la Asociación de Municipalidades, fueron una clara muestra de la tenacidad, convicción y buen humor del extinto jefe comunal.


“Cuando partimos con esta asociación, éramos como diez... ahora somos muchos. Y al principio se nos acercó el único alcalde de provincia de entonces y nos dijo que creía en este proyecto y quería participar. No se fue nunca más y llegó a convertirse en nuestro secretario general. Ése era Fernando Chávez”.
El mismo Olavarría relató que “yo siempre le preguntaba que de dónde era el apellido Guíñez y él me decía que era de España”.


El relato continuaba diciendo que Chávez una vez había ido a España y decidió buscar a los Guíñez, así que tomó una guía telefónica y empezó a rastrearlos. Olavarría recordó que el alcalde en efecto había encontrado uno, pero que le dijo “lo llamé y resultó que este Guíñez era de Pinto”.


El carisma de Chávez prodigó hasta al propio obispo Pellegrin de material para relatar anécdotas,  y no se las guardó. “A poco de conocerlo y ver la relación que tenía con la gente de esta comuna que tanto quería, yo le dije, ‘oye, pero tú eres padrino de la mitad de los niños de Pinto’”.


El obispo fue testigo de su ritmo laboral, “literalmente iba a todas, donde lo invitaban partía; por eso es que siempre se le veía corriendo e incluso postergando a su familia para estar con quienes lo necesitaran”.


Puesta así su familia en el tapete, es que llegó el turno de ellos de tomar la palabra.


Su tío, Hugo Guíñez, presidente de la Asociación de Adultos Mayores de Chillán, reveló que “muchas veces nosotros le pedimos que se quedara con nosotros para alguna celebración familiar y siempre nos decía que no tenía tiempo. Incluso para su propio cumpleaños apenas pudo estar cinco minutos con nosotros y luego se fue”.


Su tío confesó que “muchas veces no comprendimos por qué esa dificultad para estar con nosotros, pero ahora lo vemos claramente. El cariño de tanta gente, todas estas personas quienes cuentan cómo los ayudó y lo mucho que lo quisieron nos hicieron ver por qué estaba siempre tan ocupado, ahora lo entendemos y sinceramente, jamás ninguno de nosotros en la familia se habría imaginado todo esto”.


Claro, en la misa estaba la primera autoridad religiosa de Ñuble, dos senadores, diputados, alcaldes de varias comunas de la provincia, incluso el alcalde de Concepción, Álvaro Ortiz, el ex Presidente Sebastián Piñera, la gobernadora de Ñuble Lorena Vera y el intendente regional, Rodrigo Díaz, más cerca de cinco mil personas (según las estimaciones de la Prefectura de Carabineros) tanto dentro del gimnasio como afuera de éste, siguiendo la misa a través de una pantalla gigante dispuesta por el municipio.


Hugo Guíñez, representante provincial de todos los vecinos de la tercera edad, lamentó que “no alcanzaste a vivir la etapa más linda de la vida”, mientras que el intendente Díaz, en términos futbolísticos dijo que “esto es como cuando el entrenador saca antes de que termine el partido al mejor jugador de la cancha para que reciba una ovación individual”.


Su hermana, Marcela, tomó la palabra aclarando que no estaba en sus planes el hacerlo. “Hemos recibido el pésame de tanta gente, pero al contrario somos nosotros, su propia familia, la que queremos darles el pésame a ustedes, a los que están acá dentro en el gimnasio como a toda la gente que está afuera en la calle. Somos testigos de lo mucho que lo querían y de lo mucho que les duele su partida”.


Finalmente, el pequeño Alexis Rivas comentó que “yo te quise tanto, y tú me decías que querías que cuando partieras fuera yo quien escribiera las palabras en tu funeral. Parece ahora que te estabas despidiendo. Eras un poco loco, pero me querías y yo a ti”.


Su nombre en la plaza
El nombre de Fernando Chávez podría perpetuarse en algunas de las obras emprendidas por él en su periodo como alcalde.


Así lo confirma María Angélica Lama, relacionadora pública de la Municipalidad de Pinto. “Se ha estado conversando entre las autoridades locales la posibilidad de ponerle su nombre a alguna calle, o alguna de las obras aún en construcción como la Casa Consistorial o la misma Plaza de Armas, y quién sabe si al final ambas obras lleven su nombre, pero eso se sabrá dentro de un tiempo, aunque todo apunta a que así se hará”, dijo


Mauricio Asensio
Sus hijas también hablaron. Esperanza y Alejandra fueron tocadas por el inmenso cariño popular.


Y eso al menos las hacía reir en algunas oportunidades, cuando la pena les daba algo de permiso para acoger algunas de las tantas anécdotas de su travieso y astuto padre.


Fue en uno de sus discursos en los que confesaron que Fernando les comentó tantas veces que para él sus funcionarios municipales eran su segunda familia.
Así, fueron nombrados algunos de esos familiares que adopta el corazón como la “Silvi”, el “tío Robert” o la incansable “Valeria”.


Sin dudas se pudo haber nombrado uno a uno a todo el pueblo de Pinto, por eso tanto en el funeral como en cementerio se ubicaban los políticos, los empresarios, los familiares y los vecinos de condiciones más humildes mezclados en todas las distancias y líneas posibles, porque nadie creía tener más derecho que el otro a estar en un lugar de privilegio frente a Fernando Chávez. 


Nadie, ni su núcleo familiar más íntimo habría podido ordenar por importancia o cercanía a toda la gente que genuinamente lo sentía suyo.


Consciente de eso, estaba Mauricio Asensio.


El nombre de su cargo es el de encargado de Biblioteca y de Desarrollo del Turismo. Pero todos saben que era su mano derecha, su escudero, era el Sancho Panza de este pequeño y soñador Quijote pinteño. 


Chávez era de ropa formal sport; Asensio lucía pelo largo y atuendos más bien oscuros. 


El alcalde era locuaz y Asensio de poca palabras. Y si el líder comunal se extasiaba escuchando folclor, Mauricio era guitarrista de una banda de death metal.


Sin duda otro ejemplo de la transversalidad de Chávez, quizás el más sutil, pero el mejor de todos, porque quien podría ser su antónimo fue sumado al equipo municipal para ser en muchas ocasiones su sinónimo.


Asensio nunca estuvo cerca de las cámaras el día de hoy. No tomó ningún micrófono ni fue mencionado por nadie.


Sin embargo, fue el primero de sus cercanos en llegar al lugar del accidente, fue clave en la organización del evento fúnebre y era uno de los primeros en ser llamado por Chávez cuando alguien debía reemplazarlo, no protocolarmente, sino en esencia.


Macizo, con su pelo rockero tomado, se paró bajo la sombra de un árbol a escuchar a cierta distancia todo lo que se decía en los panegíricos en el Cementerio Parque Las Flores, sobre un hombre que conoció mejor que muchos de los que estaban ahí.


Junto a ese árbol, oscurecido por las sombras de las ramas y tras sus lentes negros, lloró en silencio.

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