Acuíferos subterráneos

Por: 10:40 AM 2018-06-20

Se estima que un 95% del agua se encuentra bajo tierra, sin embargo, la ausencia de información suficiente impide corroborar dicha afirmación no solo en Ñuble, sino que en gran parte del territorio nacional. 

La abundancia relativa de agua que por décadas ha acompañado a la actividad agrícola hizo innecesario prestar mayor atención a estos verdaderos embalses subterráneos, relegando la atención a los círculos académicos. 

Hoy, sin embargo, el panorama es muy distinto, pues la sequía que se observa desde principios de esta década en la zona central y el contexto de cambio climático han reducido los caudales de estos acuíferos, lo que ha quedado de manifiesto en la grave situación que viven miles de familias que antes se abastecían de agua a través de pozos que hoy están secos. Es más, en algunas zonas del norte del país algunos de estos acuíferos fueron declarados agotados, mientras que en otros, incluso de la Región de Ñuble, se han decretado ciertas restricciones a su explotación. 

Y es que así como los ríos y lagos, estos acuíferos subterráneos dependen en gran medida del volumen de precipitaciones para recargarse. Asimismo, la menor disponibilidad de agua para riego en los cauces superficiales también ha aumentado la presión por el uso de estas reservas, particularmente en la agricultura.

 En Ñuble, el aumento de la superficie frutícola y forestal pudiera ser un factor a considerar también, pues pese a enfrentar un escenario de cambio climático, la demanda por agua ha ido creciendo. Frente a esta problemática el desafío más urgente es la necesidad de contar con más información sobre los acuíferos, pues hoy no se conocen los caudales, no se sabe cuánta agua entra y cuánta sale, no se sabe a ciencia cierta dónde se producen las infiltraciones y tampoco la extensión y profundidad de estos acuíferos, aunque de acuerdo a la experiencia de otros países, todo indica que en la medida que se acentúe la escasez, la preocupación del Estado y de los privados se incrementará. 

De hecho, desde el año pasado rige una nueva normativa de la Dirección General de Aguas (DGA) que obliga a los usuarios grandes a establecer sistemas de control de extracciones, un primer paso de un proceso que, a la larga, involucrará a todos los usuarios, lo que permitirá contar con más información para la gestión del recurso, pero también para evitar la sobreexplotación. 

Sin embargo, sigue pendiente el desafío de aumentar la recarga natural y artificial de estos acuíferos, por ejemplo, aprovechando la red de canales de riego durante el invierno, protegiendo las zonas de infiltración de la contaminación y extendiendo el ámbito de acción de las organizaciones de usuarios de agua hacia los acuíferos subterráneos. 

El agua que se encuentra bajo la tierra es un recurso estratégico no solo para el desarrollo agrícola, sino que desde una perspectiva ambiental y social, por lo que su estudio y regulación contribuirá a hacer un uso sostenible por parte de todos los diferentes actores.

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