Gracias Chase

Por: Rodrigo Oses 2016-05-09
Rodrigo Oses

Escucho a Chase Hilgenbrinck y su potente convicción cristiana estremece. Emociona. Atrapa. Involucra. Invita a la profunda reflexión.

Es imposible quedar indiferente al mensaje de este sacerdote norteamericano, que conocí hace 10 años como uno de los referentes de Ñublense e ícono del esfuerzo, la disciplina y el sacrificio permanente.

Es que el “Gringo”, como lo apodó la hinchada que no lo olvida, será recordado siempre en la historia centenaria de los diablos rojos, como el jugador que no bajó nunca los brazos para alcanzar la gloria. La del fútbol y la de Dios.

Cuando llegó a Huachipato, proveniente de Estados Unidos, Arturo Salah, tras la pretemporada, le bajó el pulgar porque su cupo extranjero se lo cedieron a Cristián Muñoz, el portero argentino que arribó de urgencia para suplir a Eduardo Lobos, quien emigró a Rusia.

En Naval supo de carencias. Convivió con compañeros que no siempre cobraban el sueldo y pasaban hambre. Y ahí estuvo él para ayudarlos. Para alentarlos. Cuando llegó a Ñublense tuvo que trabajar el doble para ganarse un puesto de titular convenciendo a Luis Marcoleta que podía ser el lateral izquierdo, dejando en la banca al mismísimo Mauricio “Lauchy” Arias que asomaba como indiscutible.

En el camarín formó parte del grupo que estudiaba la Biblia junto a Carlos Cáceres, Mauricio Villanueva, José Yates y Cristián Olivares, un grupo que sostuvo anímicamente el plantel en los momentos duros de la campaña del 2006 que terminó con el ascenso a Primera. Al final de esa temporada, la dirigencia local lo desechó, pero la hinchada presionó para que lo reintegraran. Así fue. Y él respondió con una entrega conmovedora hasta que el llamado de Dios, que lo escuchó desde el momento que comenzó a frecuentar la parroquia Santa Ana en el sector de la Villa Olímpica, fue más fuerte.

Chase volvió con sotana e irradiando una paz envolvente en su mirada. Feliz y agradecido. El “Gringo” encontró su propio camino, no sin antes sufrir y entender que la vida es una ruta plagada de pruebas que él superó con amor y pasión. Gracias “Gringo” por tu ejemplo de vida.

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