Dura semana enfrentó el primer Gabinete de Ñuble

Por: Isabel Charlin Fotografía: Jaime Castro 09:50 PM 2018-06-09

El nombramiento de los futuros seremis de Ñuble, junto con descomprimir la presión sobre el delegado presidencial, Martín Arrau -quien hasta ahora se llevaba el peso completo del proceso de instalación-, vino a agudizar una tensión al interior de Chile Vamos local, que si bien es lógica en un conglomerado que debe aunar distintas posturas en pos de la gobernabilidad; ha adquirido ribetes personales entre los socios.

Si las aguas se habían aquietado tras la nominación de Martín Arrau en la Delegación -quien llevó a trabajar consigo a militantes y simpatizantes de la UDI-, y la designación de Paola Becker en la Gobernación de Ñuble -donde aterrizaron varios RN, y también algunos UDI-; el punto de inflexión se vivió previo a la llegada del ministro Andrés Chadwick, cuando desde la UDI se filtró que la gobernadora Becker no contaba con título universitario.

La maniobra no cayó bien en RN. Es más, se notaba en el ambiente, durante la cuenta pública del proceso de instalación, que el oficialismo local estaba enfrentado, y que dicha instancia sería una especie de barómetro para medir qué sector tenía más fuerza.

Pero el discurso del ministro Chadwick tendió a la unidad. Respaldó tanto a Paola Becker como a Martín Arrau, y dado que el Gabinete quedó conformado de manera equilibrada (8 delegados UDI, 7 RN, 2 Evópoli y 1 independiente), todo parecía arreglarse.

Hasta que surgieron las primeras críticas. La delegada de Justicia, Jacqueline Guíñez (RN), fue cuestionada por haber sido desvinculada de Gendarmería en 2000, tras comprobarse en un sumario interno que había faltado a la probidad; el delegado de Agricultura, Juan Carlos Molina (RN), fue una verdadera sorpresa, ya que todo indicaba que el actual seremi de Agricultura de Bío Bío, Fernando Bórquez (RN), asumiría el cargo. El mundo del agro criticó la designación, y trascendió que la llegada de Molina habría sido gestionada por el diputado Frank Sauerbaum, quien no tuvo cercanía con Bórquez. A Molina se le cuestionó su experiencia y conocimiento en un área sensible para la región, incluso el diputado Gustavo Sanhueza (UDI), aseveró que “el nombre que generaba consenso al interior de Chile Vamos para asumir la Seremi de Agricultura de Ñuble era el de Fernando Bórquez; y finalmente, el delegado presidencial de Seguridad Pública, Alan Ibáñez (UDI), cercano al diputado Sanhueza, fue cuestionado por haber enfrentado un procedimiento simplificado en 2014 por conducción en estado de ebriedad. La crítica más dura vino desde su mismo sector, ya que el diputado Sauerbaum cuestionó la idoneidad del elegido para asumir el cargo, dada su acción pasada.

Constante evaluación

El delegado, Martín Arrau, si bien ha defendido los nombramientos y ha puesto énfasis en que hay que evaluar a los delegados por su trabajo, sí ha tenido algunos gestos.

En Agricultura, por ejemplo, habló de “manos extra para ayudar en el proceso de instalación” para referirse a la designación de Juan Carlos Molina, a la vez que se le ha visto en todas las actividades del área junto al seremi Fernando Bórquez.

“Debemos contextualizar esta realidad. El sábado de la semana pasada recién el ministro Chadwick nombró a los delegados ministeriales, y han existido críticas hacia un par de ellos. Ahora, las críticas pueden venir de cualquier sector, estamos en democracia y toda opinión es válida si se hace de buena manera. Nosotros continuamos dedicados cien por ciento al proceso de instalación de la región con plazo del 6 de septiembre, y tanto yo como delegado presidencial, y  los delegados ministeriales, estaremos en constante proceso de evaluación hasta esta fecha”, sostuvo Arrau, quien agregó que en este contexto, “durante este tiempo que resta, espero que cada delegado sea capaz de demostrar su competencia en la cartera que asumió para comenzar la región en el plazo estipulado con  trabajo avanzado”.

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