Violencia contra la mujer: las cifras negras que Ñuble debe revertir

Por: Isabel Charlin Fotografía: Agencia Uno 09:45 PM 2018-06-09

Uno de los últimos casos de femicidio que se recuerda en Ñuble ocurrió en Pemuco. La víctima, Andrea Riquelme Toledo, de 34 años, había ido en compañía de su hijo mayor hasta el sector de San Luis de Pal Pal a pedirle el divorcio a su cónyuge, José Urra Contreras, y a solucionar algunos problemas sobre la propiedad de un terreno.

Urra, quien estaba con su otro hijo, de 14 años, discutió con la mujer, y la mató a escopetazos en medio del camino rural, suicidándose después con la misma arma.

En lo que va del año, ya van 20 femicidios a nivel nacional, de los cuales un 9% se comete en la nueva región.

Situaciones extremas en que los celos, la violencia intrafamiliar, conflictos culturales o adicciones, son los elementos que predominan. 

Para el abogado Guillermo Valdés, coordinador en Chillán del Centro de Apoyo a Víctimas de Delitos Violentos del Ministerio del Interior, claramente hay un factor socio cultural determinante en la dinámica de Ñuble: la ruralidad.

“Ésta es una zona agrícola, hay casos de victimización múltiple o victimización anterior y posterior al delito por parte del mismo agresor, y esos casos corresponden en su mayoría a comunas con nivel más alto de ruralidad. Sin ir más lejos, en los últimos femicidios, existían denuncias, y en algunos casos, cautelares que no fueron respetadas por el agresor.  Sin duda, la prisión preventiva sigue siendo la más efectiva”, sostuvo el profesional.

Agrega que “un número importante de nuestras víctimas corresponde a los primeros tres quintiles de ingreso per cápita. Si bien estoy de acuerdo cuando se dice que el delincuente no discrimina, las cifras de denuncias o casos policiales de delitos que afectan a mujeres dan cuenta de un factor socioeconómico también importante en la violencia hacia las mujeres, lo que se suma al nivel de escolarización que va en directa relación con el nivel de ingresos”.

Agresividad contra la mujer

Un estudio realizado a fines de 2016 por el Ministerio del Interior ubicó a Ñuble como la provincia más agresiva en contra de la mujer en toda la Región del Bío Bío, estadísticas que la dejan, ahora en su próxima calidad de región, como una de las que muestran peores cifras de maltrato hacia las mujeres.

Solo analizando aquellas agresiones tipificadas como delito por nuestra legislación, el estudio llamado “Primer Informe de Situación Delictual y Género realizado en la Región del Bío Bío”, arrojó que dentro de las siete comunas con mayores incidencias de esta índole, cinco son ñublensinas, y entre ellas figuran El Carmen y San Ignacio en la cabeza de la lista, en donde del total de delitos denunciados, los que afectaron a mujeres en forma violenta representan un 19,8% y un 19,7% respectivamente.

Es decir, en ambas localidades rurales, dos de cada 10 delitos que se cometen, son agresiones contra mujeres.

Según el estudio, las siete comunas más afectadas por la violencia de género son El Carmen (19,8%), San Ignacio (19,7%), Quilleco (18,1%), Trehuaco (17,6%), Ninhue (16,5%); Alto Biobío (14,4%) y San Nicolás (15,2%).

Pese a estas preocupantes cifras, al observar las estadísticas en el tiempo, las agresiones vienen a la baja en relación a la violencia intrafamiliar.

Según el mismo estudio, de un 10,7% registrado en 2008 se disminuyó a un 8,5% en 2016, pese a que la tendencia mundial suele ser al alza.

Posibles soluciones

Según la académica del Departamento de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Concepción, doctora Jeanne Simon, la Región de Ñuble muestra similar tendencia a la de Chile y el mundo. 

“Estas cifras se  deben a una serie de factores interconectados que son culturales, económicos y políticos. La diferencia es que ahora, con la mayor conciencia que dicha situación no es deseada y no debe ser normal, se han empezado a visibilizar algunas de las instancias, pero no todas aún”, plantea. 

Según el sociólgo Daniel Fuentes, los femicidios en Ñuble se dan en contextos de ruralidad, y se enmarcan dentro de ambientes de alcoholismo, violencia intrafamiliar y marginalidad.

“Para Ñuble trabajar en contra de estas instancias implica diseñar políticas educativas que nos alerten respecto de esta situaciones de violencia intrafamiliar, como de alcoholismo o consumo problemático de alcohol (que tampoco se trabaja) y marginalidad (en especial en educación, donde el abandono escolar resulta relevante), pero sin continuidad de las acciones y sin enfocarse en múltiples niveles de escolaridad sería abiertamente un fracaso”, advierte.

Una propuesta para mejorar estos índices, según Jeanne Simon, es que haya más mujeres en cargos directivos, “porque ellas tienden a poner temas distintos que incluyen más a las mujeres, haciendo más difícil normalizar actos de violencia en instituciones. También deberíamos contar con más mujeres carabineros, policías, y juezas. El sistema de cuotas, por ejemplo, es un medio que nos permite transformar prácticas en distintas instituciones”, aseveró.

Y añadió: “Otra propuesta fundamental es una formación que permita visibilizar y reflexionar sobre cómo a través de nuestros comportamientos, invisibilizamos la violencia contra la mujer. La formación también es importante para diferenciar entre los depredadores y personas que piropean. Tenemos que tomar el tema en serio para poder escuchar a las víctimas y no culparlas; no deberíamos minimizar la violencia y las agresiones (“no fue para tanto; fue una broma, etc.”)”.

Guillermo Valdés, en tanto, cree que “todo se reduce a educación e información desde los primeros años de vida. La educación en aspectos de equidad de género es determinante, y podría incidir en una baja en la comisión de delitos ligados al género”, argumentó.

Brecha salarial

Otra discriminación que afecta a las mujeres de Ñuble, del país, y del mundo en general, es la brecha salarial.

A nivel local, se pueden observar diferencias de hasta 37,3% en los salarios entre hombres y mujeres en el naciente territorio, según reveló el Observatorio laboral de Ñuble, entidad del Sence que es ejecutada en la zona por la Facultad de Ciencias Empresariales (FACE) de la Universidad del Bío-Bío. 

De acuerdo al estudio, elaborado a mediados del año pasado, sobre la base de estadísticas de 2016 de la Encuesta Nacional de Empleo del INE y a los resultados de la Encuesta Casen 2015, la brecha de género en ingresos líquidos de trabajadores dependientes de Ñuble alcanza el 9,4% en promedio, en favor de los hombres, sin embargo, la diferencia se incrementa entre quienes tienen mayores niveles educacionales. De esta forma, se observa que entre quienes tienen educación media completa, el sueldo de las mujeres es un 22% menor, en tanto, entre los profesionales la brecha llega al 37,3%.

A nivel nacional, según la Encuesta Suplementaria de Ingresos 2015 del INE, la brecha de los ingresos promedio alcanzó un 31,6%, mientras que a nivel regional de Bío Bío fue de 29,8%. 

El decano de la FACE, Benito Umaña, sostuvo en su momento que “las razones de las diferencias se deben a la menor valoración que se entrega al trabajo femenino. Si las mujeres logran alcanzar mayores niveles de escolaridad, su labor no es igualmente reconocida como la masculina”.

Según el sociólogo Daniel Fuentes, el problema de la brecha salarial no es necesariamente una demanda planteada por los movimientos feministas con claridad hoy, “pero si entendemos la forma en que se presenta la idea de ‘sociedad patriarcal’ en las autoras más modernas de teorías feministas, entendemos que se encuentra circunscrita a estos planteamientos. Desde mi punto de vista, la paradoja de la igualdad salarial se mantendrá mientras como sociedad no asimilemos que la función social de la mujer no es necesariamente la reproducción, pero si asumimos que solo en ella está la vida y es solo ella quien decide respecto de su cuerpo, resulta aún más complejo que en nuestra sociedad (y esto sobrepasa a Ñuble) exista una especie de penalización al hecho de ser mujer en una etapa reproductiva y una incomprensión absoluta al hecho que la crianza es un proceso que involucra mucho tiempo. Reconozcamos que no hay la suficiente protección a la vida cuando se asume que una mujer es un ser multidimensional complejo y que cuando trabaja no solo está pensando en eso, también lleva los problemas del diario cotidiano en sus espaldas”, afirma.

Comentarios