Otro paradigma es posible

Por: Fotografía: Agencia Uno 2018-05-31

El único que no registra la presencia del agua ni recapacita sobre ella es el pez, porque la habita. Esto decía el filósofo canadiense de las comunicaciones Marshall McLuhan (quien anticipó la globalización hace medio siglo). Como a los peces, también a los humanos se nos escapan evidencias de la pecera social que habitamos. Y seguimos nadando en un agua contaminada de paradigmas que no cuestionamos.

Sin embargo, cada cierto tiempo aparecen voces que sí cuestionan el agua en que nadamos, nos muestran su contaminación y tal como ocurrió en 2011 con el tema de la gratuidad de la educación superior, son nuevamente las y los estudiantes universitarios quienes han logrado instalar en la corriente mayoritaria de la información y el debate político y social, las demandas por una educación no sexista y el fin de abusos y discriminaciones de género.

El tema hoy está presente donde debe estar. A nivel social y también individual, se ha convertido en conversación pública y cotidiana que nos obliga a pensar y a repensarnos, a mirar para adentro y darnos cuenta de cuántos lugares comunes de la cultura machista anidan en la sociedad y en nuestra propia subjetividad.

En la arena política, en tanto, el Gobierno presentó una agenda que ha despertado críticas por algunas de sus medidas, pero que tiene la virtud de hacer entrar en el Congreso el debate de las tantas deudas pendientes que tiene la política pública para lograr una efectiva igualdad de derechos entre mujeres y hombres.

Y en el ámbito educacional, al menos en instituciones de raíz democrática, también se ha instalado el debate y han aparecido denuncias y demandas por instancias y procedimientos concretos para garantizar la protección de quienes son víctimas de acoso y abuso sexual.

Es precisamente en las casas de estudios donde existe respeto por la organización estudiantil y canales de comunicación con la autoridad, donde también están surgiendo nuevos niveles de conciencia e inéditos espacios y protocolos para abordar esta temática, como ocurrió esta semana en la Universidad de Concepción.

La casa de estudios -que antes que el movimiento feminista alcanzara notoriedad ya había creado una Dirección de Equidad de Género y Diversidad- anunció el pasado lunes una serie de medidas concretas para enfrentar este nuevo contexto, pero antes de hacerlo partió de un hecho básico, pero fundamental, como es reconocer su responsabilidad institucional con quienes han sido víctimas de abusos y asumir, sin eufemismos, su adhesión a las reivindicaciones planteadas por las estudiantes.

Remover prejuicios y conductas moldeadas en otras épocas y por otras sensibilidades, y desarrollar una educación y cultura no sexista en todo su quehacer, es un desafío impostergable de los centros que tienen por misión formar a las y los jóvenes que serán los profesionales del mañana y que hoy, a diferencia de los peces de McLuhan, han vuelto a cuestionar el agua y la pecera en que nadamos, mostrándonos que ni esta masculinidad es la natural, ni este paradigma es el único posible.

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