[Editorial] Paradoja de la conectividad

Por: 10:20 AM 2016-05-06

Resulta paradojal que la conectividad de Chillán sea el atributo más destacado en la última medición del Indice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) que se conoció el pasado martes e igualmente la dimensión que más ha bajado su puntuación en los últimos tres años, con una caída de 17 puntos. En Chillán Viejo, en tanto, el resultado es aún peor, ubicándose también entre las peores comunes de Chile en este ámbito. 

¿Cómo se explica este descenso? La respuesta claramente se encuentra a la relación inversa entre la expansión inmobiliaria y el crecimiento del parque automotor y la construcción de soluciones viales capaces de responder a esa dinámica, las limitadas capacidades técnicas de las autoridades y los evidentes problemas de gestión del transporte público y privado en la intercomuna. 

Esta desafortunada ecuación han convertido a la intercomuna Chillán-Chillán Viejo, que de acuerdo al ICVU solo supera a Iquique-Alto Hospicio, en una conurbación donde desplazarse puede ser un verdadero dolor de cabeza. 
Esta realidad es perfectamente conocida por las autoridades locales (alcaldes y directores municipales) y regionales (seremis), no obstante los avances son escasos o nulos. En efecto, se trata de una tarea difícil y de largo aliento, que requiere de voluntad política, financiamiento, participación de los actores privados y mucha paciencia de la ciudadanía, aunque cuesta pedir paciencia a quienes han llegado al extremo de tardarse 45 minutos en recorrer los 5 kilómetros que separan el hogar del lugar de trabajo. 

De igual forma, cuesta entender que con la lluvia de millones que han llegado a la región como compensación por el subsidio al Transantiago o los cientos de millones de dólares que sectorialmente invierte el MOP y el Minvu en Concepción, en Chillán arterias estructurantes como Alonso de Ercilla tengan calzada simple o hallan pasado 20 años desde que se configuró el primer diseño de la futura Avenida Circunvalación y hoy esta mega obra que cruza Chillán y Chillán Viejo y conecta a diversos sectores en una extensión de 50 kilómetros, sea menos que una expectativa. 

Asumiendo la enorme envergadura de los presupuestos que se necesitan para las soluciones viales de la intercomuna, se ha instalado entre las autoridades locales la errada idea de que “su ejecución debería ser realizada fundamentalmente por empresas constructoras”, transfiriendo al sector privado la responsabilidad del sector público en una cuestión de alcance fundamental, como es el derecho a la movilidad.

 Ciertamente, si se quiere ir por el camino correcto, a la luz de las nuevas tendencias y construir una ciudad que sea socialmente integrada y productiva económicamente, es necesario un alto grado de involucramiento de las empresas inmobiliarias, pero ello en ningún caso puede convertirse en argumento para excusar al gobierno central y a los municipios de Chillán y Chillán Viejo del innegable protagonismo que deben tener en obras que son clave para el desarrollo urbano de la futura capital de la Región de Ñuble. 

Para los gobiernos locales, especialmente para los alcaldes y sus equipos técnicos, la principal tarea debiera ser persuadir técnica y políticamente a las autoridades del gobierno regional y central de la trascendencia y urgencia de abordar el complejo escenario vial que enfrenta la intercomuna. El gobierno central, en tanto, debe cumplir su misión de promover la equidad de la inversión territorial, haciéndose cargo de rezagos históricos que simbolizan una bofetada para los chillanejos cuando escuchamos, con odiosa frecuencia, los anuncios de millonarias inversiones en Santiago y Concepción. 
 

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