Los nuevos vecinos de “La pequeña Haití”

Por: Susana Núñez 12:25 PM 2018-05-13

Hace un año en el barrio Ultraestación se ha comenzado a conformar una “pequeña Haití”. Nuevos vecinos que llegaron cargados de ilusiones y en búsqueda de un mejor futuro tras recorrer más de seis mil kilómetros desde el país caribeño hasta Santiago. Pero no ha sido fácil su aterrizaje en Chillán: las trabas del idioma, la falta de empleo y el frío han atentado con la importancia de ese sueño que a veces parece diluirse.

Tras un recorrido por el barrio se constató que la mayoría de los haitianos viven en la avenida Ruiz de Gamboa y las calles Eduardo Parra, Luis del Fierro, Vega Suárez, además en la población Balmaceda y Bartolucci. Allí han arrendado piezas entre los 40 y 70 mil pesos, o casas, que fluctúan entre los 180 y 250 mil pesos.

Desde el año pasado el aumento de los haitianos es notorio en el sector, al igual que la necesidad que tienen de un trabajo estable que les permita mejorar su calidad de vida. Esta realidad no ha dejado indiferente al presidente de la Junta de Vecinos nº18, Eduardo Gustavo Jarpa, quien sostiene que los nuevos habitantes se han ganado un espacio en la comunidad por su trato amable y cordial.

“Son alrededor de 70 personas de origen haitiano que viven en mi villa y cada día van llegando más. Desde el año pasado ya se nota un aumento de la población extranjera en Ultraestación. No hemos tenido un problema de convivencia con ellos. No dan ningún tipo de problema, saludan a todas las personas, son súper amables y mantienen buena relación. Nadie ha reclamado por fiestas, desórdenes o peleas. Como recién llegaron al país, siempre andan comprando ropa de cama y colchones, le preguntan a los mismos vecinos y ellos les venden”.

Gonzalo Acuña es comerciante en Avenida Ruiz de Gamboa, donde con frecuencia los ve transitar por la ciclovía rumbo al centro o a la espera de un bus que los traslade a cosechar fruta.

“En las mañanas hay más de 30 que esperan los buses, pero ahora como se está acabando ese trabajo de temporada, andan siempre buscando, en invierno siempre escasea el empleo (...) Ellos son bien educados y caballeros”, comentó.

Hace 11 meses Widtama Delusca, de 20 años, se encuentra en Chillán, donde tuvo a su primer hijo. Ella vive en avenida Ruiz de Gamboa junto a otros siete haitianos en una casa donde deben pagar $40 mil por persona. Por ahora, contó, debe depender de la ayuda económica que les envían sus familiares desde Haití mientras logra tener la anhelada estabilidad junto a su pareja.

Ella es vecina de Simón Dorcelus, de 36 años, quien sirve de “intérprete” en el barrio. Vive hace 9 meses en cercanías del Cesfam junto a unos amigos compatriotas. Por ahora su objetivo principal es encontrar una vacante en la construcción, donde afirma tener experiencia.

Sobre su vida en Chillán comentó que “me gustó mucho, porque es un lugar tranquilo y todo está en orden. No es muy complejo el idioma, viví en la República Dominicana primero y después en Chile. Me han gustado las cosas y las costumbres que hay”.

Chilenos “malos”

El idioma español fluye en la voz de Omarthe Tima (38), quien vive en el centro y con regularidad visita a sus amigas que habitan una casa en calle Manuel Rodríguez, donde siete inmigrantes pagan 60 mil pesos por una pieza. Con pesar cuenta que su experiencia no ha sido grata respecto a los arriendos.

“Tengo vergüenza decirlo, hay muchos chilenos que son buenos, pero también malos. Nos tratan muy mal, porque ellos cuando una persona no habla español, nos cobran arriendos de más, son muy altos y nos cobran a cada uno por vivir en una casa. Acá llegamos en búsqueda de lugares económicos, pero no es tan así. (…) Hay muchos racistas, cuando caminamos algunos chilenos nos miran mal”, advirtió

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