Agenda pro empleo

Por: 2018-05-08

El enorme interés que han generado los 600 empleos públicos que considera la instalación de la Región de Ñuble, las extensas filas que se han formado para postular a puestos de trabajo en la construcción del casino de Chillán y en varios otros proyectos inmobiliarios, como también la desaceleración que viene mostrando el sector agropecuario, invitan a mirar más detenidamente qué ocurre con éstos y otros rubros de nuestra economía, como un primer paso de una mirada estratégica y de mediano y largo plazo para desarrollar un mercado local con empleos de calidad. 

Las cifras dadas a conocer la semana pasada por el Instituto Nacional de Estadísticas mostraron un quiebre de la tendencia histórica que se observaba en el trimestre enero-marzo, que ha sido siempre el de mayor actividad económica y por ende, de oferta laboral. La tasa de desocupación regional se ubicó en 7,1% 0,3 puntos porcentuales (pp) más que el mismo trimestre del año pasado, mientras que en Chillán se elevó a 9,2%, superior en 1,3 pp que la registrada en igual trimestre del año anterior.  

En tales resultados mucho tiene que ver la desaceleración del sector agropecuario, que es responsables del 17% de todo el empleo que se genera en la región durante el verano, y del 10% durante el invierno. 

Dicha desaceleración del agro se constata en la comparación con igual periodo del año anterior, y tiene que ver con una menor producción y exportaciones de productos, debido, en buena medida, a la caída del precio del dólar, que probablemente no se recuperará durante lo que queda de este año y el próximo. 

Otros indicadores que marcaron alzas y llaman la atención, son la tasa de presión laboral -que incluye a desempleados, personas que están a punto de comenzar a trabajar y a los ocupados que buscan empleo- y el aumento de la fuerza de trabajo, que puede deberse a la incorporación de más mujeres, jóvenes y extranjeros. 

Este complejo escenario local y su persistencia en el tiempo debería motivar un profundo análisis de cuáles deberían ser los caminos que Ñuble debe seguir para transformar su mercado laboral y revertir el desempleo que lleva ya varios años poniendo a esta zona en los ranking negativos de productividad y crecimiento con respecto al resto del país. 

¿Qué hacer ante este deterioro que también tiene su traducción en bajos flujos de inversión, elevadas tasas de desocupación y una alta incidencia de la pobreza? Una agenda pro empleo podría ser la solución, en la medida que se constituya bajo la lógica de la cooperación público-privada. 

Una propuesta que viene planteándose desde hace tiempo, pero que dada las circunstancias cobra mucha mayor relevancia, son los incentivos para atraer nuevas inversiones empresariales a la naciente región. Pero esta vez hay que hacerlo de manera diferente a lo que se ha realizado en otras ocasiones, mejorando aquello que no dio buenos resultados en el pasado. Los errores son oportunidades de mejora y esta materia es un área donde se puede hacer mucho si se plantean correctamente los incentivos.

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