Cruz de Mayo: así se celebraba antiguamente la fiesta en Chillán

Por: Carolina Gómez Fotografía: Memoria Chilena 05:45 PM 2018-05-04

El pasado 2 de mayo se celebró en distintos puntos de Ñuble la “Cruz de Mayo”, una tradicional fiesta chilena que pese a los años se niega a morir.

Considerada como el “Halloween chileno”, los inicios de esta celebración se remontan a los tiempos de la Conquista, cuando los misioneros católicos recorrían los campos evangelizando utilizando una cruz de manera de hacerse entender entre los indios, ya que no conocían su idioma.

“Como un medio de mantener viva la doctrina, nombraban fiscales en los pueblos, quienes tenían el encargo de bautizar y rezar los días festivos en la capilla o al pie de esa cruz expuesta a la veneración pública (…) Posteriormente, las cruces veneradas en los campos se arreglaban con flores y variados adornos. En las casas se honraba la cruz con el rezo del rosario, el canto de letanías, con canto a lo divino y se festejaba con mistela”, se detalla en el sitio Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional.

En el caso de Chillán, son muchos los recuerdos que tienen aquellos que pudieron disfrutar alguna vez de la celebración, que hasta hace unos años era una de las más importantes, todos ellos coinciden en que lo más llamativo eran las grandes fogatas que se hacían, los fuegos artificiales y el cómo compartían con los vecinos.

“A mi me llamaba la atención que aquí en Chillán se hacían fogatas para ese día. En otros pueblos donde he vivido sólo era la procesión con la cruz y los cantos, golpeando las puertas de las casas para pedir alimentos y el que no daba le entonaban un cántico alusivo a su mezquindad”, comentó Viviana López.

Por su parte Jessica Monrroy recordó que en esa fiesta era una costumbre utilizar fuegos artificiales.

“Era muy entretenido. Yo recuerdo muy bien esa fiesta porque vivía frente a la plazoleta del mercado y éramos amigos con los cargadores de camiones, gente muy trabajadora que amanecían en los camiones. Mi papá nos compraba los fuegos artificiales por cajas y con ellos hacíamos una gran pira con cajones y en la noche hacíamos nuestra cruz de mayo, después salíamos a pedir con ellos por la manzana”, comentó.

En la década del 70, en tanto, Marcela Muñoz recuerda que en la Población Kennedy construían una cruz de un metro y medio y prendían velas en las tres esquinas.

“Salíamos a tocar puertas cantando, nos regalaban víveres y luego nos los repartíamos. Eran tiempos tranquilos y no había miedo a la delincuencia”, señaló.

Quinchamalí

La localidad de Quinchamalí revivió este año, luego de mucho tiempo, la celebración de la Cruz de Mayo.

Fueron decenas de vecinos que recorrieron el pueblo al son de la música popular y bailes típicos, para concluir con la tradicional “luminaria” de la cruz.

“Antes era una verdadera fiesta, todo un evento, pero no tan producido como hoy en día. Ahora es todo más producido, más vistoso, antes no había luz en el pueblo entonces se veía más bonito porque habían solamente velas (…) Generalmente la fiesta de la Cruz de Mayo tenía un sentido religioso, entonces la gente la celebraba acá en los barrios de Quinchamalí, en los fundos también”, dijo Lautaro Contreras, integrante de la Agrupación Cultural Reinohuelen de Quinchamalí.

Contreras agregó que su padre contaba que “un tío bisabuelo mio hacía la fiesta en el patio de la casa cuando ellos eran pequeños, en el año 1919 más o menos, hacían una gran ramada y hacían una gran fogata, tiraban cuetes, se reunían los vecinos, servían rosco, mistela, alfajor negro, que era un alfajor que se hacía con harina tostada, que también se ha perdido”.

El haber podido realizar este año en Quinchamalí una actividad masiva es algo positivo para Lautaro, quien fue enfático al señalar que fiestas como Halloween “no tienen nada que ver con nuestra idiosincrasia”.

“No tenemos nada que ver con esas culturas, somos descendientes de españoles y de indígenas. Creo que nosotros debería revitalizar nuestras tradiciones, nuestras cosas propias, con mayor razón en una región como Ñuble que nos diferencia de otras por tener un sello. Entonces, ese sello no se debe perder. A mi juicio y a juicio de las demás personas con las que conversé ese día, es de vital importancia revitalizar estas fiestas que son propias de Chile o de la zona central, porque las otras son fiestas que no tienen nada que ver con nosotros”, concluyó.

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