Editorial |Pladeco y participación

Por: Fotografía: Fernando Villa 09:45 AM 2018-05-04

Crecimiento no es desarrollo, y eso lo saben tanto los economistas como los urbanistas y sobre todo los chillanejos, pues la urbe en que viven es un muy buen ejemplo de cómo el crecimiento de algunos de sus componentes no ha ido aparejado con el desarrollo de otros factores e interacciones que, sumados, dan vida a una ciudad. Por lo mismo, no deben sorprender que en el primer taller ciudadano, en el marco de la elaboración del Plan de Desarrollo Comunal (Pladeco) de Chillán, aparecieran como exigencias prioritarias de la ciudadanía la modernización total del alumbrado público, proyectos viales que solucionen los graves problemas de conectividad y los altos índices de contaminación que se registran sobre todo entre los meses de abril y agosto. 

Se trata, sin duda, de problemas complejos y por lo mismo de larga data, que solo serán superados al cabo de un ejercicio sistemático de estudio, discusión e inteligente intercambio de ideas,  que es precisamente lo que busca  el nuevo Pladeco en esta etapa de construcción. 

Pensar la ciudad no es un tema simple, menos aún planificar su desarrollo cuando se experimentan una de las peores contradicciones de un asentamiento humano moderno: crecer y cambiar, pero a la vez ser prácticamente la misma de hace 40 años. Las modificaciones que ha tenido se han producido más de manera inorgánica que por una planificación de desarrollo que la avale y que muestre hacia dónde va la ciudad, cuál es su identidad y su mirada de futuro. 
No se trata de buscar culpables, sino de contribuir a la reflexión acerca de una evidente necesidad de hacernos cargo, como habitantes de la misma y parte de ella, de contribuir a pensar  el Chillán del mañana. 

En tal sentido, la planificación suele ser entendida mayoritariamente como una cuestión técnica y que le corresponde exclusivamente a los expertos y autoridades y quienes viven, ocupan y disfrutan, o sufren en ella no tienen mucho que aportar a ese desarrollo. Sin embargo, esa idea de planificación quedó hace tiempo en el pasado y hoy es útil y además positivo, que exista un mayor involucramiento del ciudadano común y corriente en el crecimiento y desarrollo de su ciudad. 

Para avanzar en esta mayor participación hay mucho que se puede hacer. Por lo pronto, resulta valorable el esfuerzo que se está haciendo en torno al Pladeco, al solicitar la opinión de la comunidad respecto de los objetivos de este instrumento y el formato “amigable” de los talleres, en un lenguaje común y no técnico, que recoge los sentimientos verdaderos acerca de las necesidades y gustos de los propios habitantes. Igualmente, es acertado realizar este ejercicio por barrios y entornos cercanos, pues las personas pueden hacerse una idea más real respecto de los cambios que se están proponiendo y sobre todo “traducir” la información pública y hacerla fácilmente entendible para la mayoría.

El tiempo -sumado a la capacidad de gestión, recursos y voluntad política- dirá finalmente si este ejercicio de análisis y participación fue el adecuado para resolver el inventario de dificultades que enfrenta la ciudad e interpretar las aspiraciones de bienestar de sus habitantes. No obstante, el esfuerzo por hacer partícipe a la ciudadanía de un intercambio de visiones sobre el lugar en que vive tiene un valor intrínseco, tanto como señal de civismo y democracia local, como de romper la lógica de dejarlo todo en manos de funcionarios y “expertos”, que a la larga solo pavimenta el camino para desviaciones como la discrecionalidad, el secretismo y la manipulación a favor de intereses particulares, en desmedro del bien común.

 

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