Editorial | La verdad y dos memorias

Por: 09:20 AM 2018-04-20

Más allá de las repudiables expresiones del diputado Ignacio Urrutia, quien calificó de “terroristas con aguinaldo” a las víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar, lo interesante de este episodio son las reacciones posteriores de la ciudadanía, expresada en esa nueva ágora que son las redes sociales y donde se constatan  dos formas irreconciliables de ver los hechos acaecidos en ese período de nuestra historia. No es primera vez que ocurre. De hecho, es como si existieran dos memorias que se confrontan cada vez que existe un detonador, en este caso los dichos del parlamentario por Maule Sur. 

Una memoria se aproxima desde el contexto y concluye que en el período de la Unidad Popular, las razones del golpe, en la represión de Estado y en la dictadura de Pinochet fuerzas de izquierda radicalizadas habrían sido responsables de la “violencia” que nos llevó a una situación de desquiciamiento colectivo. 

La otra memoria, por su parte, ve las violaciones a los derechos humanos como el hecho fundamental de nuestro pasado. No porque los contextos no sean importantes y no se requiera examinarlos, sino porque en el caso de las violaciones a los derechos humanos se considera que se produce una ruptura moral radical entre los hechos y el contexto que obliga a una condena absoluta de los hechos, tornando superflua una explicación contextual. 

¿Cuál de las dos memorias prevalecerá? No se sabe. Solo sabemos que las memorias evolucionan, siempre hay varias en disputa, y que nada está asegurado de antemano en términos de lo que llaman memorias hegemónicas y subalternas. Hay memorias que alguna vez fueron dominantes y hoy aparecen residuales y viceversa. Mirar hacia el pasado exclusivamente desde la óptica oportunista de un relato distorsionado, solo conduce a nuevos desencuentros y al aumento de los odios, rencores y divisiones que debiéramos aprender a superar. 

Sin embargo, el reconocimiento de toda la verdad es condición para el perdón y la reconciliación, que más allá de los discursos y buenos deseos sigue siendo una deuda de nuestra democracia, precisamente porque, al igual que la justicia, exigía asumir la verdad y esto nunca lo entendieron sectores que optaron por la estrategia de negar o llamar a olvidar el tema. 

Apostar por la reconciliación mediante el olvido ha sido un mal camino. En Ñuble, por ejemplo, de los 71 detenidos desaparecidos, no más de 15 casos se han transformado en causas abiertas, muchas están sobreseídas y en apenas cinco existen condenas, pero con penas que no superan los cinco años.

La verdad es condición de justicia y reconciliación. La verdad y la justicia, por otro lado, por sí solas no producen reconciliación, de la misma manera que la reconciliación no produce verdad ni justicia. La forma en que se “armonizaron” estos valores determinó en gran medida nuestra imperfecta transición y, por lo tanto, son de aquellas definiciones que permiten explicarnos estas dos formas binarias e irreconciliables de ver los hechos acaecidos en ese oscuro período de la vida nacional, entre 1970 y 1989.  

 

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