El perfil

Por: Rodrigo Oses 2016-05-02
Rodrigo Oses

¿Qué sello tendrá el nuevo entrenador de Ñublense?

La interrogante comenzará a dilucidarse hoy, cuando la Comisión de Fútbol del club analice en profundidad con qué recursos cuenta para sentar en la banca a un entrenador que, ante todo, conozca la categoría y sepa sacarle rendimiento a un contingente que tendrá valores jóvenes de la cantera.

La decisión no es un mero trámite. Es trascendental y no acepta margen de error. 

El universo de entrenadores con recorrido o cierta experiencia en esta serie del fútbol chileno es acotado, pero algunos matices en la conducción, propuesta y adaptación a la realidad del club pueden marcar la diferencia.

La clave es dar con un entrenador que le inyecte al equipo una gran cuota de mística, velocidad e intensidad de juego, aspectos que el reciente equipo no pudo consolidar, aunque regaló pasajes de buen fútbol asociado.

Que ponga su mirada en el fútbol joven y detecte con pinzas a los talentos que pueden desenvolverse por méritos propios en el primer equipo y no por la presión de un reglamento.

Que sepa armar un plantel de jugadores de calidad humana, profesionalismo, compromiso, responsabilidad y una profunda identificación con la historia centenaria del club.

Que alimenten con unión, solidaridad, respeto y humildad un camarín fortalecido.

Que sepa enfrentar las tormentas y los días soleados, sin estridencias ni silencios.

Que entienda que en Chillán la hinchada quiere ver jugar a un equipo combativo, como ese que nació en los 60’ cuando se estrenaba en el profesionalismo. Jugando hacia adelante, con mística y una garra inclaudicable.

Ese sello es el que el nuevo entrenador tiene que darle a un Ñublense que perdió la jerarquía que históricamente tuvo en sus inicios en la Segunda División.

Si se logra ascender, será consecuencia de todo lo dicho, porque lo primero es dar con un entrenador que entienda que el equipo no puede ser comparsa.

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