La miseria de lucrar con los sueños

Por: Renato Segura 2016-05-02
Renato Segura

“Soñar no cuesta nada, es gratis” es uno de los mitos que han abrazado muchas generaciones de chilenos y chilenas. En el mundo de los negocios, todo lo que existe y no existe se puede transformar en un negocio lucrativo, incluido los sueños.

En este sentido, el sueño de alcanzar un título universitario es un ejemplo palpable de este fenómeno. Son cientos de miles de jóvenes que cada año ingresan a la universidad, con la esperanza de cambiar su realidad. A poco andar muchos de ellos deben enfrentar la dura experiencia de tener que abandonar sus estudios y asumir una realidad distinta a la que soñaron. Entre los años 2010 y 2015, la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), registra un crecimiento de 23% de la fuerza laboral, mayor a 15 años, con nivel universitario; 47% de los cuales no terminó su nivel de estudios.

La sociedad chilena, que funciona en base a modelos, asocia el concepto de “universidad para todos” como una oportunidad real de movilidad social. El profesional joven, exitoso y meritocrático, acorde con las exigencias de un país que busca salir del subdesarrollo, es un modelo extremadamente atractivo que induce a muchos jóvenes en querer ingresar a la universidad. 

Sin embargo, para mala fortuna de muchos, menos del 30% de los seleccionados por el sistema de admisión universitario son aceptados en aquellas instituciones universitarias que catalizan las preferencias de los postulantes, por su prestigio de cambiar radicalmente la vida de sus egresados. 

La demanda insatisfecha generada por la insuficiente capacidad de matrícula de dichas instituciones, se constituye en un poderoso imán para atraer inversionistas, ávidos por lograr retornos atractivos con bajo nivel de riesgo. En la actualidad, las instituciones privadas que no pertenecen al Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCH), en su conjunto, representan el 53% de la matrícula total del sistema de educación superior universitario (Consejo Nacional de Educación, 2015).

La fuerte competencia generada entre instituciones con bajo nivel de posicionamiento entre los postulantes al sistema, induce a la búsqueda del escalamiento en la matrícula a través de la segmentación por nivel socioeconómico y la flexibilización de los requisitos de ingreso. 

Durante el período 2005 – 2014, la matrícula de primer año de las universidades fuera del CRUCH, creció en 40%. En el año 2014, el financiamiento a través del Crédito con Aval del Estado (CAE) para dicho grupo de universidades, superó los $61 mil millones. Para igual año, las instituciones que presentan bajos puntajes de ingreso a primer año en Nota de Enseñanza Media (NEM) y Prueba de Selección Universitaria (PSU), registran transferencias por CAE que fluctúan entre el 50% y 73% de los ingresos totales por arancel en ingreso de primer año. Más del 20% de los estudiantes con CAE abandona el primer año, menos del 40% se titula. 

Es decir, el ingreso que origina el lucro para algunos, se transforma en el costo de soñar para muchos. Considerando que el CAE es un beneficio del Estado que se otorga a estudiantes que necesitan financiamiento, el negocio con dichos recursos refleja la miseria que subyace al comportamiento humano, cuando prima el afán por acumular riqueza.

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