[Editorial] Nuestra biodiversidad

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:25 AM 2016-05-02

La definición de bosque nativo esencialmente se inspira en un criterio ecosistémico que reconoce una interrelación entre especies arbóreas nativas, la diversa flora y fauna y el medio que las rodea, conformando entre sí una trama interdependiente con características propias. 

En el caso de Ñuble, poseen un muy alto valor de conservación, ya que se encuentran involucradas especies que son consideradas escasas o prácticamente ausentes en el resto del país. Además, en una zona que es productiva resulta fundamental comprender los valores y el carácter especial de estos bosques por su importante función protectora de cuencas.

Es esta complejidad e importancia la que ha llevado al gobierno a priorizar la conservación de la cordillera de San Fabián de Alico, las cuencas superiores de los ríos Diguillín y Cholguán y el cerro Cayumanque, cuatro zonas que fueron definidas como áreas naturales de importancia por un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción y que fue encargado a la casa de estudios por la seremi de Medioambiente. 
El trabajo académico confirma que ésta es una de las zonas más ricas del mundo en biodiversidad vegetal, pero también que tiene una alta vulnerabilidad producto de  actividades económicas como el monocultivo de plantaciones exóticas y la creciente actividad de explotación energética.  

El estudio identifica los territorios que actualmente están siendo impactados negativamente y concluye que en los últimos 25 años se ha perdido el 35% de la superficie de bosque nativo. Entrega, además, un dato relevante y positivo en este deprimente cuadro: a diferencia de las demás provincias de la región, Ñuble tiene la ventaja de mantener aún ecosistemas en mejor estado de conservación, lo cual ha sido reconocido a nivel internacional por la Unesco al declarar su cordillera como Reserva de la Biósfera. 

La referencia, sin embargo, resulta tan acertada como reveladora de la levedad de los instrumentos legales que posee el Estado para la conservación de áreas silvestres de alto valor, ya que del aplauso y entusiasmo inicial por su reconomiento en 2011 queda muy poco, y en la práctica, las 565 mil hectáreas distribuidas en la zona cordillerana de las provincias de Bío Bío y Ñuble no cuenta con un régimen de protección legal específico, es decir, salvo las zonas incluidas en el parque nacional Laguna del Laja y en la reserva nacional Ñuble. El resto del corredor podría ser explotado sin ninguna restricción específica y es aquí donde cobra especial relevancia esta priorización que acaba de hacer la autoridad ambiental.

La pregunta que habría que hacerse ahora es si esta voluntad por conservar áreas silvestres tiene el suficiente respaldo en la normativa y si basta con el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA y el Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT) para lograr que estos sectores sean debidamente protegidos. La autoridad ambiental cree que sí, pero no opinan lo mismo agrupaciones de la sociedad civil y estudiosos que esperaban una decisión más ambiciosa, como la declaración de estos territorios como reservas o parques nacionales. 

Habrá que seguir con atención este programa de conservación que hoy aparece como una positiva declaración de intenciones, pero que no servirá de nada si no va acompañada de recursos y una planificación de largo plazo para su gestión.

Todas las personas con conciencia ambiental esperan que la futura Región de Ñuble sepa estar a la altura de la enorme responsabilidad que significa tener áreas con una biodiversidad única en Chile y que es también un privilegio, por lo tanto, el llamado es a adoptar las medidas tendientes a darles una efectiva protección. De lo contrario, perderemos la oportunidad de preservar estos valiosos ecosistemas para las futuras generaciones.

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