Moisés Noriega, el timonel que llevó a Ñublense al Regional

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Gentileza Familia Noriega 2016-05-02

La historia a veces es injusta porque omite nombres valiosos, personajes vitales u hombres irrepetibles que forjaron en silencio procesos exitosos o fueron fundamentales para que los grandes proyectos vieran la luz.

En los casi 100 años del zigzagueante derrotero de Ñublense, Moisés Noriega Alarcón, es uno de esos.

El recordado ex director del Registro Civil de Chillán, fue presidente del club  y durante su gestión se concretó el anhelado ingreso al Campeonato Regional de Concepción.

Certamen en el que el cuadro ñublensino, que por dos décadas dominó la liga local, animando clásicos inolvidables con el Deportivo Unión, enfrentó a rivales como Arturo Fernández Vial, Lord Cochrane y Gente de Mar.

La postulación se fraguó en 1957 y durante todo el 58’ el conjunto chillanejo mostró sus pergaminos en el duro torneo regional.

En esa gestión aportaron mucho también el ex timonel, Lautaro Vásquez, un reconocido dentista de la época, y Mario Avendaño, quien sería clave en el ingreso de Ñublense, un año más tarde, en 1959, al fútbol profesional.

“TODO POR EL CLUB”
Nelson, uno de los hijos de Moisés Noriega, reconocido receptor judicial chillanejo (64), no olvida la trascendencia que tuvo la presidencia de su padre al mando de un cuadro que brotó del idealismo de un grupo de estudiantes del Liceo de Hombres comandados por el profesor Manuel Lara un 20 de agosto de 1916.

“Recuerdo que participábamos en todas las actividades de Ñublense con mi padre y mi hermano mayor, que se llamaba Rogelio, que trabajaba en la Radio Ñuble, pero que era inválido y falleció. Participábamos en los desfiles que se hacían en la cancha del Municipal y también en la cancha de la Escuela Normal”, evoca Nelson, quien recalca que su padre recibió la presidencia de manos de Luis Molina en los albores del 50’.

“Yo jugué en las infantiles de Ñublense de hecho. Tengo una anécdota con mi padre, quien era un hombre apasionado, y se enfureció cuando el entrenador me sacó, pero en realidad, si bien era centrodelantero, nunca fui tan bueno para el fútbol”, recalca. 

Moisés armó un equipo directivo de absoluto compromiso. Y su brazo derecho y amigo era Roberto Cortázar, quien había sido jugador en los 40’ y padre del recordado diablo rojo, Eduardo Cortázar.

“Él trabajaba en la Barraca Molteo. Fueron dirigentes inseparables con él y con Lautaro Vásquez, el dentista, muy unidos. En las reuniones yo era su amigo, más que hijo, me llevaba a todas partes. Recuerdo que en el fútbol amateur animábamos clásicos partidos con nuestro rival tradicional que era Unión. Iba mucha gente a los partidos”, precisa Nelson, quien deja brotar más recuerdos. “Mi padre hacía las reuniones en una sede de la calle Prat. Invitaba a los jugadores y se hacían reuniones.

Para mi padre Ñublense fue todo, era fanático, en todo sentido, nosotros lo acompañábamos a todas partes, a Linares, Lota, Concepción, con mi mamá y los cinco hermanos. Yo tenía siete años. Yo fui uno de los primeros socios de Ñublense cuando jugó en el Regional. Todavía tengo ese carnet”, sentencia Noriega hijo.

Eduardo Cortázar, ex DT y jugador de Ñublense, hijo de Roberto, amigo de Moisés, releva la figura de Noriega. “Hicieron un gran equipo de trabajo, con mucha armonía, cuando yo era pendejo, tengo recuerdo que mi padre siempre hablaba bien de él. Incluso, la hija de Moisés Noriega  desfilaba con mi hermana como portaestandarte para el aniversario del club el 20 de agosto. Eran muy parecidas, altas y de buena presencia. Don Moisés era un tipo ponderado, buena gente, un verdadero caballero, de buena presencia”.

Un líder carismático
Eduardo Cortázar recuerda que hacían de todo para generar recursos. “En la Barraca Molteo, mi papá mandaba a hacer un stand de madera para vender en el estadio Seminario, debajo de los eucaliptus, junto a los hermanos Ainardi, el doctor Cerda, ‘Chorizo’ Carrasco, Carlos Flores y el hijo de Cerda yo vendían malta, pilsener y papaya antes, en el entretiempo y después del partido. Mi padre era director y a la casa venía el arquero Sáez y el ‘Che’ Vega, un central argentino, me ponían un bolso colgado del cuello, tenía 10 años y adentro estaban los relojes y las billeteras de los jugadores. La gente acompañaba en tren y micro a Linares, Lota y Concepción”, detalla Cortázar, quien destaca que Noriega supo darle esa mística familiar al club. “Esa época era hermosa, familiar, los viajes eran familiares con pollo, huevos duros, en canastos, allí se llevaba todo el comistrajo. Mi hermana María Cortázar se ponía la blusa roja y la falda negra para desfilar en el cumpleaños de Ñublense. Eran dirigentes espectaculares, respetables, amigables, honorables, en Chillán eran personas confiables, de una credibilidad total en la sociedad chillaneja, trabajaron a full por Ñublense. Al mercado venían cantantes de tango de Santiago y se hacían shows para reunir recursos”. 

El ex portero de Ñublense, Luis Venzano, conoció a Moisés Noriega como el director del Registro Civil que lo casó, y amigo de su suegro. Hoy no olvida su impronta.
“Tenía un carisma muy especial, no se alteraba con nada, un trato deferente, eso le permitió aunar gente en torno al Regional, lo seguian, era un personaje publico y la gente lo respetaba, no levantaba la voz, tenía la virtud de generar confianza por su trabajo en el Registro Civil, lo saludaban en la calle. Sin ser muy futbolizado logró algo importante en el Regional,  que fue el preámbulo del ingreso al profesionalismo. Él lideró una familia que es muy querida y respetada, era la época en la que se iba de la casa a la oficina y la gente lo saludaba y lo apoyaba”, describe Venzano.

Moisés, recuerda su hijo Nelson, falleció a la edad de 63 años víctima de un cáncer gástrico fulminante, dejando una legado que pocos conocen en la historia de Ñublense, pero que ad portas de su centenario, vale la pena relevar y aplaudir. 

 

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