Eventos recreativos

Por: Rodrigo Oses 2018-04-09
Rodrigo Oses
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Pena, vergüenza y rabia, son los sentimientos que me embargaron cuando me enteré del sumario administrativo que instruyó el alcalde de Chillán Sergio Zarzar, para esclarecer la denuncia sobre el supuesto caso de corrupción que se habría dado en el seno de la oficina de Eventos Recreativos del municipio local.
Se habla de “pagos fantasmas”, a funcionarios que jamás realizaron servicios en talleres implementados y compartían sus remuneraciones con el articulador del fraude. 

La práctica habría sido implementada hace meses, vulnerando el sistema contable de la oficina con el fin de lucrar con los recursos fiscales que pudieron servir para financiar la contratación de reales servicios de monitores u otros talleres. La gravedad de la denuncia supone una investigación profunda que tiene que llegar hasta las últimas consecuencias porque no puede quedar sin sanción un supuesto robo sistemático de esta envergadura. ¿Quién fiscaliza el manejo y pago de recursos en la oficina de Eventos Recreativos? ¿Cuál es el perfil, la idoneidad valórica y técnica de sus componentes? ¿Desde cuándo, si se comprueba, viene desarrollándose esta mala práctica? ¿Amerita una limpieza radical del personal o una reestructuración del equipo? 

La investigación está en curso para dar respuesta a éstas y otras interrogantes que afloran tras esta crisis que debe dar paso la consolidación de un Departamento de Deportes serio, potente, con profesionales calificados, pero fundamentalmente, de alta calidad valórica y humana, porque no es posible que en un área de la sociedad que promueve valores tan nobles como la transparencia, el honor y la honestidad, se imponga el paraíso del engaño y la cuchufleta.

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