El tipo de cárcel que se espera para la región

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 07:40 PM 2018-04-07

Para esta semana se espera la llegada del ministro de Justicia, Hernán Larraín a la capital de Ñuble, quien, se espera, visite la cárcel de Chillán.

“El ministro planteó que se trabajará con seriedad en buscar los lineamientos para, por fin, construir una cárcel para Ñuble y sacar la existente del centro de Chillán”, dijo el senador Víctor Pérez Varela.

Una vez más, la promesa vuelve a sonar al inicio de un periodo presidencial. Y ya son 10 años de espera.

Se ha hecho hincapié en que los recursos existen (lo que el senador desmiente) y se han dado diversas posibilidades de locaciones, pero cada vez que se anuncia la reacción de los residentes en contra del proyecto es vehemente.

Pero antes de saber dónde instalar y estimar sus costos de construcción, se debe definir qué tipo de cárcel requiere la región de Ñuble. Y las opiniones especializadas o interesadas, también difieren.

Un CET o una tradicional
El 8 de diciembre de 2010, tras el incendio que afectó a la cárcel de San Miguel, en Santiago y que causó la muerte de 81 reos, obligó al Gobierno, el primero de Sebastián Piñera, a replantearse la realidad carcelaria en Chile.

Fue en los discursos del 21 de mayo de 2011 que Piñera se refirió a los compromisos para mejorar las condiciones de encarcelamiento en nuestro país. Y se mencionó la cárcel de Chillán, los desastres que le causó el terremoto, la urgencia por sacarla del radio urbano y se propuso la creación de un gran Centro de Estudio y Trabajo (CET) como los de San Carlos o Yungay, pero de una envergadura tal que se mencionó posteriormente un proyecto de sobre 100 hectáreas.

Luego, Michelle Bachelet, en su segundo mandato propuso una cárcel biprovincial (junto a la Provincia del Bío Bío) y se habló de terrenos de menor extensión.
Ambas ideas siguen encontrando eco en la comuna.

Uno quien concuerda con la idea del CET es el presidente de la Asociación de Funcionarios Penitenciarios de Chillán (Anfup), suboficial Cristián Montecinos, quien asegura que “la tendencia de los países modernos ya no es la de la seguridad mediante muros, sino que por la tecnovigilancia, es decir, hay oficinas de monitoreos de cámaras infrarrojas, visión nocturna y de alta definición que además cuentan con sensor de movimiento, y eso es mucho más efectivo y le permite al reo trabajar o realizar actividades al aire libre, lo que es mucho más sano y permite una real rehabilitación”.

Para esto, conforme a Montecinos, “no se requiere de más de 10 o 15 hectáreas para una región como la de Ñuble”.

En opinión del abogado penalista Ricardo Robles, “se debería establecer diferentes centros, por ejemplo, dejar un edificio o una casa en Chillán para las personas que están en calidad de imputados; y a los condenados, dejarlos en una sola gran cárcel, esperamos que modernas y con espacios dignos para reos, gendarmes y para los visitantes, la que de ninguna manera debería quedar muy lejos de Chillán, porque no se puede lesionar el derecho de los internos a recibir visitas, eso es parte de la convención de Tokio”.

El senador Víctor Pérez Varela, si bien dice que el tipo de cárcel que pueda cumplir con los requerimientos de Ñuble, debe ser definido por un órgano técnico, plantea que “creo que no es necesario contar con un terreno superior a las cinco hectáreas. Hay que pensar que la de ahora no cuenta ni siquiera con una hectárea”.

Sí coincide con la necesidad de diseñar recintos que garanticen la estadía digna de reos y funcionarios, con espacios que permitan el desarrollo de “múltiples actividades laborales, educativas o deportivas para buscar siempre la orientación a la rehabilitación social”.

“No olviden a la familia”
Hoy, quienes esperan ingresar a la cárcel a visitar a algún familiar deben esperar a la intemperie. Con sol o lluvia.

Por el costado de Vega de Saldías, “hay una banca para seis personas y un techo que los mismos familiares hicieron, pero eso no basta”, dice Joel Muñoz, quien tiene un hijo privado de libertad en Chillán y otro en El Manzano de Concepción.

“La realidad es enorme. En El Manzano hay espacios y baños para quienes esperan, los internos duermen en piezas donde máximo hay dos personas. En Chillán hay seis por pieza y cuando se llena, los nuevos duermen o en el suelo o en el pasillo. Espero que no se olviden de la familia cuando la construyan, que recuerden que somos personas como todos, que pasamos frío y calor y nos cansamos esperando de pie”.

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