Alerta Naranja

Por: 10:50 AM 2018-04-07

El jueves, Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) decidió elevar a Naranja la alerta para el complejo volcánico Nevados de Chillán, ello debido a un aumento en la actividad del quinto volcán con más riesgo específico del país. El informe detalla que entre el 16 y el 31 de marzo se registraron 44 eventos volcatectónicos y que uno de los sismos registrados en ese período fue el que ha liberado mayor energía, según los registros desde diciembre de 2015, cuando se inició el proceso eruptivo. 

Lo anterior fue posible porque existen un entramado tecnológico y expertos que están entregando valiosa información del complejo volcánico, cuya área de influencia abarca las comunas de Pinto, Coihueco y San Fabián de Alico. La efectiva demostración de este avance no solo debe valorarse en cuanto es una superación del abandono en que se encontraba la cordillera ñublensina en esta materia hace 5 años, sino también debe servir de referencia a las decisiones y coordinación de las autoridades políticas. 

Por lo mismo, llama profundamente la atención la disonancia entre las recomendaciones del Sernageomin y el gobierno del Bío Bío en cuanto a la zona de exclusión.

Para el primero -y basado en parámetros utilizados en todo el mundo- se debe considerar un posible impacto en un área de 10 kilómetros, lo que obligaría a evacuar a los casi 300 visitantes y trabajadores de las empresas turísticas que actualmente se encuentran en el lugar. 

La Intendencia, sin embargo, ha decidido mantener el nivel de Alerta Amarilla, basándose en la lectura que hace la Onemi Bío Bío de la actual situación. El organismo ayer argumentó que pese a que los hoteles de Nevados de Chillán y Somontur se encuentran aproximadamente a cinco kilómetros del macizo, la extensión del territorio sensible no necesariamente debe ser un radio perfecto, dejando fuera de la zona de exclusión al complejo turístico y por ende, descartando una evacuación. 

La decisión es cuestionada por especialistas en volcanología física y en desastres naturales, quienes advierten que la idea de propiciar un flujo cada vez mayor de información científica es, precisamente, para favorecer una acertada toma de decisiones y que debe primar lo técnico por sobre consideraciones económicas o de otra índole. 

Lo ocurrido con las inundaciones en la zona costera de la Provincia de Concepción, tras el terremoto de febrero de 2010, es un ejemplo claro y reciente de las nefastas consecuencias de no considerar los mapas de riesgo y bajarle el perfil a las alertas de tal vulnerabilidad que hizo el periodismo. 

En todo caso, la situación del volcán Chillán es distinta, pues las características del fenómeno y la red que lo monitorea favorecen la detección anticipada de situaciones críticas y una adecuada coordinación de los organismos públicos. 

Sin embargo, como ocurre en general con las instituciones y sistemas encargados de responder ante un desastre natural en los distintos niveles de la administración pública, en la actual coyuntura se constata un marcado protagonismo de la autoridad política, que es importante en cuanto aporta cercanía a las decisiones que se adoptan, pero que no es conveniente trasladar a la gestión y control de un ámbito que no es de su especialidad.

A las autoridades políticas les corresponde la responsabilidad de respetar la información científica y situarse en su debido ámbito. Traspasar esa línea perjudica más que ayuda en situaciones de emergencia. 

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