Quo vadis Punta Peuco

Por: Claudio Martínez Cerda 2018-04-05

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Punta Peuco, nace como recinto penitenciario a partir del momento en que Gendarmería formalmente solicita al Ministerio de Justicia la creación de este establecimiento carcelario. Su diseño -muros perimetrales, rejas y elementos de seguridad- corresponden a los de una cárcel convencional de dimensiones medianas. 

En ese momento se había logrado vencer, por la vía institucional, la resistencia del Ejército a que Manuel Contreras y Pedro Espinoza ingresaran a una cárcel administrada por Gendarmería, tal como lo mandata la ley. Esto se había logrado después de un largo proceso, donde el Ejército comandado por Augusto Pinochet, había hecho dos asonadas, conocidas como “movimiento de enlace” y “boinazo”, junto a amenazas explícitas de no  acatar el fallo y movimientos soterrados que lo pusieron por momentos al borde de la legalidad. 

Finalmente, se impuso el estado de derecho, y el símbolo de ello fue la construcción del Penal de Punta Peuco y el ingreso de Manuel Contreras y Pedro Espinoza, condenados por el crimen de Orlando Letelier en el año 1995. Posteriormente, fueron ingresando uno a uno los más connotados violadores de derecho humanos de la dictadura militar. 

Pero ese hito de la transición se fue diluyendo en la medida que se fue instalando la idea de que se trataba de un hotel cinco estrellas, con privilegios impropios de quien cumple condena por delitos de lesa humanidad. Y nace la aspiración de sectores vinculados a los derechos humanos de cerrar Punta Peuco, porque sería sinónimo de impunidad, lo que en estricto rigor es un error, pues en Punta Peuco están recluidos y condenados criminales de lesa humanidad. 

De este clamor como es sabido se hacen eco diversos sectores políticos y sociales y supuestamente también la Presidenta, después de una entrevista con Carmen Gloria Quintana en 2015. 

La politización de la discusión sobre la existencia de este penal, llevó a la derecha dura, al pinochetismo y a la denominada familia militar a transformar a este penal, en un bastión de reivindicación las acciones cometidas durante la dictadura militar, cuestionado la legitimidad de los fallos y pretendiendo transformarse de victimarios en víctimas. 

En efecto,  la negativa a ser trasladados a una cárcel común lo transformó a su vez en  el símbolo de dichas reivindicaciones, a diferencia de lo que ocurrió cuando se creó, en que fue el símbolo de una  justicia que se veía en ese momento como muy díficil de lograr. “En la medida de lo posible”, fue la frase que acuñó el Presidente Aylwin. 

El simbolismo de Punta Peuco mutó cuando el Presidente Piñera terminó con un penal que sí consagraba privilegios, como era Cordillera. Ahí Punta Peuco, entró en capilla.  Y parecía que tenía los días contados, sobre todo cuando la Presidenta, de manera enigmática, dijo “yo cumplo mis compromisos”. 

Sin embargo nada ocurrió y la pregunta es qué viene ahora. Con todo lo sucedido parece inevitable, tarde o temprano,  el cierre definitivo de este penal en las condiciones actuales de funcionamiento.  Sería una contribución  efectiva a dar vuelta la página de un periodo que, en materia de derechos humanos, será recordado como el más oscuro de la historia de Chile.

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