Editorial | Asociarse para crecer

Por: Fotografía: Agencia Uno 09:55 AM 2018-04-03

Frente a las interesantes perspectivas que exhiben los mercados internacionales para los productos exportables de la Región de Ñuble, existe una enorme tarea por delante para los productores locales, tanto en la necesidad de abrir nichos de mercado específicos a nivel nacional e internacional, así como también, de generar los vínculos necesarios con sus pares, en términos de desarrollar la asociatividad como modelo de negocios. 

Esto último resulta vital para los pequeños y medianos productores si lo que se pretende es convertir a esta zona en una potencia agroalimentaria, pues a nivel internacional, la demanda de volumen es tan significativa que una empresa por sí sola no es capaz de darle respuesta. De igual forma, la asociatividad permite enfrentar los riesgos de mejor forma, así como reducir -o diluir- los costos fijos de acuerdo a las economías de escala. 

A modo de ejemplo, sin la asociatividad es impensable que los productores vitivinícolas de Portezuelo puedan algún día exportar sus vinos, e incluso, algo tan básico como embotellarlos en envases de 750 centímetros cúbicos requiere de una inversión en activo fijo que muchas veces los pequeños no pueden asumir. 
Entonces, si el objetivo es abrir mercados y competir a nivel internacional, hay que aceptar que el tamaño de las pequeñas y medianas empresas agropecuarias de la zona no es suficiente para asumir los costos que ello involucra ni para satisfacer los volúmenes de demanda.

Lamentablemente, la asociatividad no es un concepto que esté muy internalizado por los empresarios locales, donde se conjugan factores como la desconfianza, el individualismo y la idiosincrasia. 

Pese a lo anterior, muchos de los prejuicios son derribados cuando los productores, conscientes de sus debilidades, aceptan ser parte de un proyecto colectivo y obtienen beneficios por ello. Hay positivas experiencias en rubros como vino, hortalizas, flores, ganadería ovina y miel. 


En general, el éxito de este tipo de emprendimientos asociativos está más ligado al grado de compromiso y constancia mostrado por sus miembros que por factores externos, ya que el riesgo se reduce notablemente con la bonificación que hace el Estado a la asociatividad. 

En el caso de los proyectos asociativos de fomento (Profo), de Corfo, por ejemplo, se subsidia el 50% de todas las actividades relacionadas con el diagnóstico o bien con la etapa de desarrollo, donde se contempla la elaboración de un plan de trabajo asociativo y su implementación. Además de ello, una vez constituidos como unidades económicas con personalidad jurídica y patrimonio propio, las empresas que logran sobrevivir al entusiasmo inicial pueden optar a numerosos programas de apoyo para pequeñas y medianas empresas, lo que les permite, por ejemplo, mejorar su competitividad, invertir en activos fijos, desarrollar estrategias de marketing y difusión, capacitar a sus miembros y dar mayor valor agregado a la producción. 

Ante tan contundente batería de subsidios estatales, resulta poco comprensible que aún existan productores con enormes potencialidades de desarrollo y con evidentes ventajas comparativas, que aún no se atreven a crecer.

 

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