Congreso Eucarístico Nacional 2018

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2018-04-02
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Las expresiones de fe en la Iglesia son numerosas y de diversos tipos, una de las más recordadas son los Congresos Eucarísticos, poco comunes en los últimos años en Chile. Siendo una iniciativa de origen eclesial, no deja de ser un tema que llama la atención y despierta curiosidad e interés en muchos. ¿Qué es un Congreso Eucarístico?, es la pregunta más frecuente que surge entre nosotros y que este año vamos a vivir y entender con profundidad en la medida que participemos en el que recientemente ha sido convocado para este 2018.

Para comenzar a entender el sentido de un Congreso Eucarístico, es necesario explicitar que su objetivo es generar una revitalización en, no solo la devoción a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, sino también, la comprensión del misterio eucarístico. La celebración de la Eucaristía, o misa como decimos comúnmente, no está intencionada a encerrarnos en una fe alejada del contexto, sino más bien a potenciar en los fieles el deseo de hacer realidad lo que celebramos en la vida diaria, insertos en la sociedad. Decimos que la Eucaristía es la fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, justamente porque de cada misa debemos salir a proclamar lo que hemos compartido en comunidad. Una fe intimista, que nos aleja del compromiso con la sociedad, no es realmente eucarística y, contradice una obligación real de trabajar para que los valores del Reino de Dios se hagan concretos en el mundo.

La misa que congrega a la comunidad es una instancia de encuentro con Cristo, pero también con el prójimo y con el mundo que nos rodea. En un mundo en que tendemos al aislamiento, donde no sentimos compromiso con nuestro entorno, este Congreso Eucarístico debería hacernos salir del egoísmo y asumir nuestras responsabilidades personales en beneficio de nuestros barrios, sindicatos, partidos políticos, y toda agrupación que convoca personas. 

En el contexto actual el desafío del, también llamado, Año Eucarístico nos permitirá evaluar si somos una Iglesia que acoge, si somos atractivos en el modo en que celebramos la fe, si las puertas de nuestros templos están abiertas a todos, si damos lugar y cobijo a la diversidad etaria y cultural que nos enriquece. La calidad de nuestras misas, el nivel de participación de los fieles, la expresión alegre de la liturgia, la integración de elementos de la cultura local, se pondrán a prueba en cada comunidad si realmente anhelamos vivir de corazón el Congreso.

Finalmente, este Año Eucarístico nos proporciona del mismo modo el contexto adecuado para profundizar, recoger y proyectar el mensaje alegre y esperanzador del Papa Francisco en su reciente visita apostólica. Poner a Cristo eucarístico en un lugar preponderante este año significa escuchar atentos al sucesor de Pedro y dejar que Cristo mismo nos muestre caminos de autenticidad cristiana, valentía para cambiar lo que sea necesario, coraje para enfrentar los retos que afronta la Iglesia y mucha humildad para saber ponernos en las manos del Señor que conduce la barca de la Iglesia, tanto en los apacibles tiempos de fructífera pesca, como también en el riesgo de la zozobra que trae el temporal purificador. 

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