Adoptados en el extranjero recuperan sus orígenes

Por: Nicole Contreras 12:10 PM 2018-04-01

A los 14 años la hija adoptiva de Jean, nortemericana, tuvo la necesidad de saber quién era su madre biológica. Jean esperaba que llegase ese día, por lo que comenzó desde Estados Unidos la búsqueda de la mujer, solo sabía que en el momento de dar en adopción vivía en Chillán. Daniela Rodríguez Rovner, traductora argentina radicada en Estados Unidos, luego de adoptar a su hija sintió que era justo que la madre biológica supiera que estaba con alguien que la quería. Se interesó en buscar información sobre cómo ubicar a la familia, lo que la llevó a un sitio web donde vio el mensaje de una madre adoptiva que pedía ayuda para encontrar los orígenes de su hija en Chile. Esa madre era Jean. 

Pensó que al ser bilingüe tendría las herramientas necesarias para ayudarla. Averiguando con amigos chilenos, supo que el primer paso era pedir información al Sename. Sin embargo, la institución rechazó la solicitud, ya que Elizabeth, la hija de Jean, era menor de edad. No se rindieron. “Nos pusimos a pensar y dije: lo que puedo hacer es llamar a la comisaría de la zona donde supuestamente viviría la madre biológica”, relata Daniela. 

Así fue como atendió su llamada Lilian Fuentes, funcionaria civil a cargo de la Oficina de búsqueda por presunta desgracia de la Segunda Comisaría de Carabineros de Chillán. Era 2010, y Lilian ya trabajaba hace cuatro años en ese puesto, pero era la primera vez que recibía una solicitud desde el extranjero. Con la ayuda de la comisaría encontraron en dos semanas a la abuela biológica de Elizabeth. Su madre había muerto.

La forma en que ella y su abuela han podido comunicarse es mediante cartas.“Me sentí emocionada al encontrarla, necesitaba respuestas y sentirme conectada. Aunque la comunicación es espaciada, ya que mi abuela no tiene acceso a la tecnología y necesita ayuda para leer y escribir”, afirma. Daniela traduce las cartas al español y Lilian escribe las de la abuela. También se intercambian fotos. 

Jean espera poder traer a sus hijos a Chile algún día, ya que el hermano de Elizabeth también tiene raíces chilenas. Daniela y Lilian se dieron cuenta de que había muchas personas en el extranjero que necesitaban saber de su origen en Chile, por lo que crearon un buzón a través de Facebook, llamado Chile Adoption Birth Family Search (Adopción en Chile: Búsqueda de Familias Biológicas) donde las personas interesadas pueden contarle su caso y ella transmitirle la información a Lilian, quien con la ayuda de las comisarías de todo Chile, intenta ubicar a la familia. Si el encuentro no se puede concretar físicamente, se les presenta la opción de realizarlo por medio de videollamada, durante la que Daniela será la traductora entre las dos partes. “El cien por ciento de las madres biológicas no sabe inglés y el 90 por ciento de los hijos no habla español”, asegura. 

Ella no recibe un pago por esto. “No me parece ético, porque creo que es su derecho saber de dónde vienen, por lo que no puedo hacer de esto un negocio”, asevera.  El de Elizabeth y su abuela fue el primero de los 249 reencuentros a nivel país entre hijos que fueron dados en adopción al extranjero y sus familias biológicas, que la Segunda Comisaría ha podido concretar en ocho años gracias al buzón. La cifra en general es superior. Solo en 2017 se concretaron 87 reencuentros, 44 de ellos a nivel internacional. En 2018, hasta esta semana, de 43 ya solucionados, 31 han sido solicitudes del extranjero. 

Y es que Lilian también recibe peticiones de hogares, hospitales y ONGs, en especial “Nos Buscamos” e “Hijos y madres del silencio”. “Somos la Comisaría que más reencuentros hace a nivel nacional, la gente tiene confianza en nosotros y eso me ha permitido crear una red estratégica de alianzas con instituciones públicas, donde se generan nuevos casos”, enfatiza.

También destaca la rapidez con la que se encuentran a las familias. “Se resuelven rápido porque si la solicitud sale hoy de aquí, mañana se está tramitando en la otra comisaría, porque es una documentación interna de Carabineros vía online. En el trámite de documentación no hay burocracia, porque Carabineros está muy modernizado tecnológicamente”. 

La mayoría de las solicitudes internacionales que reciben provienen de Estados Unidos, Bélgica, Suecia, Holanda y Australia. 

Mantener el contacto 

Iliana Calabrano supo que era cierto lo que le decía su madre sobre los posibles hijos que su hermana Ema dio en adopción al extranjero cuando la Segunda Comisaría de Carabineros le informó que su sobrino vendría desde Bélgica a conocer a su familia de origen. 

La adopción de Anton Claes, nombre que le dieron sus padres adoptivos, y de su hermano, fue gestionada por el Hogar Esperanza a cargo de su directora belga, la madre Lucienne Hardy. Anton solo tenía un mes de edad. Luego de ese reencuentro en diciembre de 2016, vino a Chile tres veces más para compartir con su familia biológica. 

Iliana asegura que le tomó cariño a su sobrino de inmediato, porque le recordaba a su hermana Ema, quien falleció de una enfermedad digestiva. “Me gustaba su modo de ser, tan amable, porque es igual a mi hermana, su pelo, su cara y su sonrisa”. 

Anton recorrió Chile con sus tres hermanos chilenos. Le decía a su tía que venía a Chile con frencuencia porque en Bélgica se sentía solo. Luego de que sus padres adoptivos se separaron, comunicó su inquietud de conocer su origen en Chillán a la madre Lucienne.

Cada vez que le anunciaba su visita, Iliana, a quien llamaba “mami”, lo esperaba con un asado de cordero y cerezas, sus comidas favoritas. 

Anton le dijo a su tía durante su tercera visita que había encontrado en la ciudad a “la mujer que sería su futuro”. La cuarta y última vez que estuvo en Chile en agosto del año pasado, vino a buscarla. Le dijo a su tía que regresaría en febrero. Pero desde entonces no saben nada de él. 

“Yo lo estaba esperando este verano y no vino. Quiero verlo y saber de él. Estábamos acostumbrados a compartir con él”. 

Adopciones irregulares 

“Donde sea que estés, feliz cumpleaños hija de mi corazón, si tienes esposo o hijos, que Dios los proteja a todos”, decía mirando hacia el cielo cada 9 de abril, María Magdalena Acuña (60). 

A los 20 años, María dejó Chillán estando embarazada para buscar un trabajo en Santiago. Sus patrones la hicieron firmar un papel, ella no sabía leer ni escribir en esa época, por lo que no desconfió. Cuando su hija tenía 11 meses la llevaron a la casa de la asistente social Telma Uribe, investigada por realizar cientos de adopciones irregulares entre los años 70 y 90. La mujer la obligó a entregar a su hija. María solo obtuvo el consuelo de su madre quien le aseguró que algún día su hija la buscaría. 

“Si las madres tienen certeza de que su hijo está vivo, la ley no las deja buscar, porque los chicos se fueron con expedientes que dicen que la mamá los había cedido. Entonces les pasó lo mismo que si ellas hubiesen dado a sus hijos en adopción voluntariamente. A ellas las ayudamos instándolas a que se hagan el ADN que es la forma más fácil de encontrar”, hace hincapié Sol Rodríguez, vocera de Hijos y Madres del Silencio, agrupación que guía a familias que fueron separadas por medio de una adopción irregular. 

El test se almacena en un banco de ADN en Estados Unidos, e independientemente del laboratorio donde se realicen se pueden comparar y encontrar parentesco hasta la quinta generación. Tiene un valor aproximado de 90 dólares más envío a Chile, donde la persona debe poner su muestra sanguínea en un frasco y enviarlo nuevamente a Estados Unidos. 

A más de 13 mil kilómetros de distancia, en Suecia, la hija de María, Hanna Andersson, deseaba encontrarla. Su búsqueda comenzó cuando tenía 14 años. 
En Suecia hay 2.177 adoptados desde Chile, la mayoría a través del mismo centro de adopción sueco. Hasta el momento se han encontrados irregularidades en 16 casos, pero los adoptados sospechan que es solo el comienzo. “Muchos nos sentimos engañados. Ahora los niños chilenos adoptados hemos creado una vida en Suecia, algunos tenemos familia, hijos, incluso nietos. Ahora se ha demostrado que pudimos haber construido una vida con datos que son incorrectos”, dice el comunicado que escribieron más de 90 adoptados suecos con origen chileno, entre ellos Hanna.

Este año, después de más de 20 años de búsqueda pidiendo información en centros de adopción en Suecia, Hanna pudo ubicar a su madre con la ayuda de un periodista chileno de por medio y de la ONG Nos Buscamos.  

“He extrañado a alguien que ni siquiera recordaba, pero ahora me siento completa. Ponerme en contacto con ella y con el resto de la familia es maravilloso”, afirma Hanna sobre el reencuentro con su madre biológica. 

Cada sábado se comunica con ella por medio de videollamadas, con la ayuda de un amigo quien realiza las traducciones. Hanna no habla español, pero hace tres semanas comenzó a estudiarlo. 

“Mis nietos me mandan besos. Le dije que la amaba, que siempre la he recordado”, relata María. Luego del primer encuentro fue al Cementerio Municipal de Chillán para agradecer a su madre, porque tenía razón: Hanna la había buscado. 

“Quiero recuperarla, besarla y abrazarla. A lo largo de los años quería mucho compartir con mi madre y no podía. Me alegra que ella esté en mi vida, que tenga un buen esposo y tres hijas increíbles, mis hermanas”, recalca desde Suecia. 

“Los ‘niños’ aquí en Suecia hacemos todo lo posible por apoyarnos. Cuando alguien encuentra a su familia chilena compartimos la alegría entre nosotros y ayudamos a otros a buscar”. 

Hanna y su marido están ahorrando dinero para viajar a Chile. “Tengo una gran familia con cuatro hijos y todos quieren conocer a su abuela. Si tuviera el dinero habría ido ayer”, asegura. 

María no tiene internet en su casa, pero pide ayuda a un vecino o va un ciber para realizar las videollamadas. Este 9 de abril planea hacer un pastel de cumpleaños para felicitar por primera vez a su hija mirándola a los ojos. 

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