Editorial | Desafío agrícola

Por: 11:00 AM 2018-03-21

La nominación del equipo de secretarios ministeriales de la Región del Bío Bío -a la que Ñuble sigue perteneciendo hasta el 6 de septiembre- puso término a una compleja negociación entre los partidos de Chile Vamos y a la incertidumbre en torno a la representatividad política de sus integrantes y el nivel de experiencia profesional de los elegidos. En la primera, el gabinete del intendente Jorge Ulloa cumple a la perfección: nueve militantes de la UDI, siete de RN y dos de Evópoli se reparten los cargos. En la segunda, la cosa no es tan clara, pues mientras la historia de la mayoría de los nominados revela una robusta experiencia política (elecciones y trabajo territorial), no ocurre lo mismo con su trayectoria académica y profesional, salvo contadas excepciones. 

En estas últimas se inscribe el único ñublensino designado en el gabinete regional, el agrónomo y académico de la UdeC, Fernando Bórquez Lagos. El nuevo seremi de Agricultura ha sido académico durante más de 40 años, posee el grado de magíster y es candidato a doctor. También ha sido directivo universitario, dirigente gremial y agricultor, de modo que -como pocas veces- llega a esa cartera un profesional de primer nivel, con redes en distintos sectores y por lo mismo, validado por quienes serán los destinatarios de su trabajo. 

Lo anterior, obviamente, no le asegura el éxito en su gestión, pero justifica el optimismo con que diferentes actores del mundo agrario local ven su llegada, tal como lo expresan en la edición de hoy, donde destacan la claridad de su análisis y el conocimiento profundo que tiene de la principal actividad económica de la nueva región, en cuyo proceso de instalación también trabajará para asumir la misma cartera en septiembre. 

Son 40 mil las familias de Ñuble que viven directamente de la agricultura y Bórquez sabe de la relación directamente proporcional entre pobreza y ruralidad. En sus primeras declaraciones como autoridad sectorial confirma esa visión aterrizada de nuestra realidad y del que será el primero de sus tres grandes desafíos. La existencia de muchos pequeños productores con dificultades de acceso a financiamiento, con una cultura recelosa de la asociatividad y con una baja incorporación de tecnología y capital humano calificado, son todos factores que deberá tener en cuenta para impulsar la actividad, no solo en aquellos sectores competitivos, como el frutícola. 

Por otra parte, nuestra oferta sigue siendo poco diversificada, lo que dista bastante de la matriz que se requiere para el objetivo de transformarnos en una potencia agroalimentaria. Por lo mismo, un segundo desafío consistirá en promover un adecuado equilibrio entre la producción de materias primas y la de alimentos procesados, para lo cual se requiere fomentar la inversión en tecnología e innovación. 

Finalmente, en el ámbito del riego las necesidades son aún más urgentes. Después de 90 años, el embalse La Punilla se transformará en una realidad, lo que permitirá aumentar la seguridad de riego entre los actuales regantes e incrementar la superficie regada en al menos 30 mil hectáreas. Pero con La Punilla no basta y eso Bórquez también lo sabe. La nueva región requiere de la concreción de por lo menos cinco embalses más, además de acumuladores de agua menores, que permitan aprovechar efectivamente los valles fértiles que hoy están subutilizados. 

La tarea parece abrumadora y sería ingenuo pensar que puede cumplirse en 4 años y que solo depende de una persona, pero no cabe duda que el arribo de un profesional con una visión clara y de largo plazo sobre estos tres temas fundamentales para la principal actividad económica de la naciente región, es un buen comienzo.

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