El valor del Simce

Por: 10:20 AM 2016-04-28

Un análisis tradicional a los resultados del Simce recientemente conocidos nos llevan a concluir que de novedosos tienen muy poco. Al igual que años anteriores, se observa que uno de los factores que más influye en los resultados es el nivel socioeconómico de los niños, existiendo en Chillán una diferencia de más de 70 puntos entre los estudiantes de nivel socioeconómico bajo y alto en sexto básico. Los resultados en la prueba de comprensión de lectura de segundo básico también confirman que estas diferencias producto del origen socioeconómico ya son pronunciadas a los ocho años.  

Existen, sin embargo, otras evidencias que son importantes de analizar. Por primera vez, en toda la década, las mujeres lograron alcanzar a los hombres en la prueba de Matemáticas. Las niñas obtuvieron 260 puntos en el test de Matemáticas de cuarto básico, el mismo resultado que los varones, que siempre habían tenido ventaja. Esto se debe no a que los hombres bajaran, sino a que las niñas tuvieron un alza significativa en su desempeño en esta asignatura. 

Por otra parte, el Simce de este año también aportó valiosos antecedentes respecto de los factores internos de la escuela. Estos muestran que los resultados de aprendizaje de los estudiantes estarían correlacionados con el clima de convivencia escolar, la retroalimentación que entregan los docentes, el involucramiento de los padres y el liderazgo directivo. De hecho, aspectos destacados este año son el hecho de que el hábito lector de padres y madres impacta en hasta 9 puntos y que los estudiantes que disfrutan con las lecturas que ellos mismos seleccionan y le dedican tiempo personal obtienen mejores resultados que pueden reflejarse hasta 24 puntos de mejora en sus resultados. 

En cuanto a los indicadores de desarrollo social, también hubo una positiva sorpresa en cuanto a la conciencia sobre hábitos de vida saludable. La cantidad de estudiantes que admiten consumir bebidas gaseosas, golosinas y tener menor actividad física, aumentó, lo que abre mayores posibilidades de promover cambios conductuales.
No cabe duda entonces que todos estos resultados y su valor para el diseño de estrategias educativas validan la existencia del Simce ante quienes hace ya varios años vienen levantando voces para cuestionarlo y reclamar su supresión. 

La crítica, sin embargo, nace de una acertada percepción del rol que está cumpliendo este instrumento y que ha conducido a una inconveniente tensión entre el su uso con fines de desarrollo, o sea el empleo de los resultados de las pruebas para orientar decisiones de mejoramiento pedagógico por parte de los profesores, y su uso con fines de responsabilización, es decir establecer consecuencias para profesores, directores o sostenedores asociadas a los logros de los establecimientos educacionales. Lamentablemente, con los años se ha ido profundizando el desequilibrio entre estos aspectos, con un débil esfuerzo para asegurar el uso formativo de las pruebas y un excesivo énfasis en su uso con fines de publicidad y responsabilización.

La experiencia vivida en la última década en países con políticas educacionales basadas en resultados de pruebas ha mostrado que hay riesgos de distorsiones escolares, como estrechamiento curricular o excesivo entrenamiento en la mecánica de las pruebas, e incluso posibilidades de comportamientos deshonestos, como la adulteración de pruebas cuando las consecuencias de las mediciones son muy elevadas. 

La experiencia internacional entonces nos enseña que se debe revisar regularmente las consecuencias establecidas para el Simce y preparar adecuadamente a profesores y directores para que puedan aprovechar los resultados de las pruebas para analizar y mejorar sus prácticas docentes. 

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