Día de la Mujer y síndrome del impostor

Por: José Luis Ysern de Arce 2018-03-10
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Marzo es considerado por muchos como mes femenino porque en él celebramos el Día Internacional de la Mujer. Es una fecha que nos anima a pensar en el rol de la mujer en nuestro mundo, en nuestra sociedad actual. Todos nos felicitamos porque ya se va tomando más conciencia de la igualdad de género y de cómo los derechos de la mujer no pueden ser atropellados por un machismo cultural que tiene que ser derrotado y abolido por completo hasta que no quede ni asomo de su más mínimo vestigio. Poco bueno se puede decir de una sociedad si en ella todavía aparecen síntomas de una cultura machista del tiempo de las cavernas. Sabemos por las encuestas que son todavía muchos los hombres que aprueban las bromas machistas y les parece mal que a alguien se le censure por haber incurrido en tal tipo de prácticas. 

Aunque nos felicitamos por la mayor toma de conciencia sobre los derechos de la mujer y los logros conseguidos, reconocemos que en la sociedad actual todavía queda mucho por hacer en materia de justicia y equidad con respecto a las mujeres. ¿Hemos pesando por ejemplo lo injusta que es la brecha salarial que existe entre géneros? Ante responsabilidades iguales, trabajos iguales, profesiones iguales, la mujer gana en muchos lugares bastante menos que el par varón. Son muchas las personas que mantienen antiguos estereotipos en su manera de pensar y creen que el papel casi exclusivo de la mujer es el hogar; por lo mismo no les llama la atención ni les molesta que la mujer tenga escasa representación en puestos de toma de decisiones en el campo de la política, de las ciencias, negocios y otros. Más aún: si hiciéramos una encuesta en Chile acerca del talento de las mujeres para las ciencias y determinadas ingenierías, es muy probable que la opinión de la mayoría sería desfavorable. Es decir, los estereotipos nos llevan a pensar que ese tipo de profesiones y estudios son más propios de varones que de mujeres. Cuando la verdad es que hombres y mujeres están igualmente capacitados para todo tipo de estudios. El aporte que muchas mujeres entregan todos los días en el campo científico lo demuestra. 

En los primeros años de vida “las niñas tienen habilidades más desarrolladas que los niños, en las áreas cognitiva, social, adaptativa y de comunicación (ELPI, 2010 y 2012), mientras que en el área motriz no se pueden establecer diferencias por sexo. Tristemente, esta ventaja queda atrás a medida que ellas crecen en contextos que no las incentivan en su aprendizaje integral y en su autoconfianza.” (ComunidadMujer(2016). Informe GET). Esto significa que por culpa de nuestros prejuicios y estereotipos la mujer va quedando relegada a un segundo plano en diversos espacios. Se supone que la mujer debe ser sensible, tierna, empática, y el hombre fuerte, valiente y agresivo. Esto conduce al efecto o síndrome del impostor: si una mujer entra en esos terrenos “exclusivos” de hombres puede ser percibida por los demás y hasta por sí misma como una impostora, como si se estuviera atribuyendo algún mérito que no es de ella, que no le pertenece. Lo cual contribuye a que muchas mujeres se alejen de roles para los cuales tienen grandes aptitudes y capacidad de excelencia, pero que no asumen por culpa de los prejuicios sociales. Por lo mismo, se requiere el compromiso de todos para erradicar de nuestra sociedad cualquier residuo de la cultura patriarcal que favorece la injusta brecha de géneros.

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