Editorial|Factores estratégicos

Por: 10:55 AM 2018-03-09

Guste o no, la Región de Ñuble seguirá asociada a una larga tradición agrícola que le ha permitido generar riqueza y una identidad cultural que la diferencia con claridad y a la que ahora deben sumarse capital humano calificado y la sustentabilidad como factores estratégicos de primer orden. 

El primero es condición fundamental, si la economía local pretende agregar mayor valor a su producción. El problema es que el bajo nivel de profesionalización de la agricultura en Ñuble hace rato dejó de ser una discusión académica y es una pesada realidad que impacta a una actividad que es responsable del 20% de los empleos y de cerca de un 25% del PIB regional. 

La falta de profesionales involucrados en las empresas agrícolas de Ñuble ha generado brechas impactantes de rendimientos de los cultivos entre quienes sí han profesionalizado la gestión y los procesos, y quienes no lo han hecho. Ello da cuenta de otra gran brecha entre empresas grandes y pequeñas, es decir, entre aquellas con los recursos suficientes para invertir en la contratación de profesionales y en la incorporación de tecnología, y aquellas que no los tienen. Y si bien el Estado, a través del Indap, provee de asesoramiento técnico a pequeños agricultores, ello es insuficiente.

Un segundo factor estratégico es el medioambiental. El siglo XXI plantea el desafío de contar con sistemas alimentarios sostenibles que no degraden el ambiente natural, ni amenacen a los ecosistemas y a la biodiversidad. 

La Región de Ñuble contará en el futuro con cinco embalses. La Punilla es el proyecto más avanzado, pero hay otras cuatro iniciativas que también deberían ser prioridad del próximo. Tal  disponibilidad de agua es una ventana que se abre y que confirma la vocación productiva de esta zona, pero que también deberá tener un correlato ambiental. 

Ya se conoce la huella hídrica de cerca de 20 productos agropecuarios de la región -como arándanos, remolacha, maíz, arroz, tomate, manzanas, cerezos, oliva y kiwi- e igual como hoy un consumidor está dispuesto a pagar más por un producto que tiene baja huella de carbono porque está ayudando a neutralizar el calentamiento global, lo mismo está empezando a ocurrir con la huella hídrica, que mientras más baja es, mayor es el valor que agrega a los productos. 

La agricultura actual es cada vez más competitiva y se enfrenta a mercados internacionales exigentes donde Ñuble puede insertarse exitosamente, si su producción de alimentos adscribe a procesos de bajo impacto ambiental en todos los eslabones de la cadena, desde el uso del suelo y el agua, hasta el envasado y transporte. 

Está demostrado que esta secuencia virtuosa no solo permite la conservación ambiental de los ecosistemas y sus recursos, sino que potencialmente puede mejorar la rentabilidad de la actividad agrícola, la generación de riqueza y los salarios. 

En síntesis, es el momento que los agentes productivos locales reflexionen acerca de cómo debería ser un sistema alimentario competitivo y sostenible, qué acciones podrían emprenderse para mejorar nuestras modalidades actuales de generación y uso de alimentos, y cómo aprovechar mejor los recursos productivos. Hay una oportunidad real para plantearse éstas y otras preguntas. No hacerlo es darle la espalda al futuro de la nueva región.

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