Editorial| Igualdad pendiente

Por: 2018-03-08

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer, que conmemora la movilización de más de cien trabajadoras de una fábrica textil (Nueva York, 1908), en demanda de mejores condiciones laborales. Los dueños encerraron a sus empleadas para reprimir la huelga y se desató un incendio que acabó con la vida de un centenar de ellas. A 110 años del incidente, la motivación que tuvieron aquellas mujeres para iniciar su huelga sigue vigente en Chile y América Latina: las condiciones laborales. 

Y es que si bien en los últimos 7 años la participación de la mujer en la fuerza de trabajo se ha elevado en 10 puntos, al mismo tiempo que la economía y la sociedad han ido abriendo puertas para la incorporación femenina al mercado laboral, es sabido que dicha participación aún es baja en comparación con la del hombre, pues no supera el 45%, en circunstancias que en Ñuble, la tasa en los hombres llega a 70%. 

Por otra parte, de acuerdo al último estudio del Observatorio Laboral de la Facultad de Ciencias Empresariales (FACE) de la Universidad del Bío-Bío, la brecha de género en ingresos líquidos de trabajadores dependientes de Ñuble alcanza el 20% en promedio, en favor de los hombres, sin embargo, la diferencia se incrementa entre quienes tienen mayores niveles educacionales. De esta forma se observa que entre los profesionales la brecha llega al 30%.

Lo anterior lleva al ámbito de la segregación de la mujer a ciertos sectores de la economía, así como también a la discriminación en cuanto a la calidad de los empleos, donde la precarización del trabajo es más notorio en mujeres que en hombres. 

En efecto, muchas de las mujeres trabajan informalmente, es decir, no cuentan con contrato de trabajo ni previsión social y de salud. De hecho, en la nueva región hay un porcentaje mayor de ocupados por cuenta propia (independientes) en mujeres que en hombres, y por el contrario, una menor proporción de asalariados mujeres que varones. También se observa que hay una mayor proporción de mujeres que trabaja a tiempo parcial que en el caso de los hombres. 

A nivel gubernamental se han dado pasos importantes para contrarrestar las inequidades del mercado laboral, donde destacan la construcción de salas cuna lo que ha permitido aumentar la cobertura, la ampliación del postnatal, programas de capacitación gratuitas, bonos a mujeres de segmentos más pobres, subsidios para emprendimientos y programas públicos de guarderías. 

Pero aún falta y será tarea del nuevo Gobierno profundizar los planes y programas que ya están en ejecución y avanzar en términos de poner fin a las discriminaciones que desincentivan la contratación de mujeres, como la Ley de Isapres que castiga a la mujer fértil y flexibilizar las leyes laborales de manera que el teletrabajo y las jornadas parciales sean también una alternativa viable. 

Debemos valorar los avances en la protección a la maternidad y la familia, pero la desigualdad laboral sigue siendo un tema pendiente en nuestra sociedad, donde todavía subsisten injustas diferencias entre los géneros que es necesario superar.

 

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