Editorial | Más que una película

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:25 AM 2018-03-06

La noche del domingo 4 de marzo será parte de la historia del cine chileno, luego que “Una mujer fantástica” se quedara con el Oscar a Mejor Película de Lengua Extranjera. La cinta, que ya se había consagrado en el Festival de Cine de Berlín y en los Premios Goya, selló su gran año obteniendo la estatuilla dorada frente a prestigiosas cintas internacionales y consagrando a su director, Sebastián Lelio, en el exigente circuito internacional. 

Si bien no es el primer cineasta chileno que desembarca en Hollywood, el realizador de 44 años -que vivió su juventud en Chillán, donde cursó estudios de enseñanza media en el Colegio Concepción- es un caso único no solo para directores chilenos, sino también de toda América Latina, ya que este año podría llegar a estrenar tres títulos en los Estados Unidos: “Una mujer fantástica”, Disobedience, una historia de amor lésbico protagonizada nada menos que por Rachel McAdams y Rachel Weisz y el remake de Gloria, con Julianne Moore y John Turturro y que fue la cinta que le otorgó reconocimiento masivo, también con una historia que tiene como elemento central la fuerza de un personaje femenino que lucha contra las convenciones, los condicionamientos y los designios de una sociedad que parece reservarle solo lugares que no incomoden. 

Un logro mayúsculo para nuestro cine y, en especial, para este joven director de pasado chillanejo que no solo ha sabido canalizar sus obsesiones en poderosas y muy eficaces películas, sino también interpelar a nuestra sociedad, pues este triunfo histórico y la participación de Daniela Vega como la primera persona transexual en ser presentadora en la ceremonia vista por millones de personas en todo el mundo, tendrá efectos en Chile que superarán con creces el ámbito cinematográfico.

Así al menos lo demuestran las expresiones de personeros del actual y futuro Gobierno y de políticos de todos los sectores, que ayer se declararon partidarios de sacar adelante el proyecto de ley de identidad de género, que fue ingresado al Parlamento en 2013 y actualmente se encuentra en tercer trámite legislativo en la Comisión de Derechos Humanos del Senado.

Fundamentalmente, esta iniciativa plantea que las personas con mayoría de edad puedan cambiar su nombre y sexo legal en el Registro Civil, sin requisitos ni la exigencia de ningún tipo de certificado médico. En el caso de los menores de edad es un proceso distinto, ya que estos solo pueden realizar el cambio de nombre y sexo en los tribunales de Familia, con el consentimiento de sus padres, madres o tutores legales, con exigencia de certificados y/o testimonios que “acrediten la identidad de género”.

Además quedaría estipulado como principios de los derechos de personas trans “la no discriminación,” “la confidencialidad” y “la dignidad en el trato”, además de que la identidad de género que no se corresponda con el sexo asignado al nacer no constituye enfermedad, ni patología.

Este proyecto de ley pareciera llevar hacia buen norte el freno a la discriminación y la transfobia que existe en nuestro país, pero pese al esfuerzo del Gobierno de Bachelet por sacarlo a contrarreloj, es un hecho que no alcanzará a ser aprobado antes del cambio de mando, lo que le pone una prueba de fuego a la administración de Sebastián Piñera sobre su respeto a los derechos de la diversidad sexual y la palabra comprometida durante la campaña presidencial en orden a promover una conciencia social de derechos, igualdad y no discriminación y acabar con las precariedades que viven las personas trans día a día.  

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