Oído atento, testimonios y transparencia

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2018-03-05
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Pasado el tiempo de la visita del Papa Francisco, es bueno reconocer que una visita pastoral siempre puede ser evaluada desde el punto de vista mediático, de su impacto en la sociedad del país, pero también desde el punto de vista eclesial, es decir, de cómo ha marcado la vida de la Iglesia de Chile, en el complejo contexto que enfrenta en este momento histórico. Pero, aún más allá de las fronteras de Chile y América Latina, es conocido el hecho que la Iglesia Católica, ya desde los cambios del Concilio Vaticano II, desafiada por una sociedad en constante cambio, vive momentos de renovación y apertura al mundo como nunca antes lo vivió en su historia de más de 20 siglos. Lo anterior la hace constante objeto de crítica constructiva y no tanto también.

Algunos ven en la visita de Francisco una preocupación casi exclusiva por una Iglesia que estaría en una profunda crisis. Ante ello, sin minimizar la complejidad del momento eclesial actual, nos hace bien recordar la motivación de la visita del Papa, quien desde que asumió como líder de la Iglesia Católica y primer Papa Latinoamericano, manifestó el deseo de visitar Chile y animar nuestra fe y compromiso cristiano.

Muchos son los testimonios que han quedado después de la visita, en la que el Papa habló con claridad sobre muchos temas, sin evadir aquellos que producen controversia y vergüenza a la comunidad cristiana. En su primer discurso, en el Palacio de la Moneda, pidió perdón por el escándalo de los abusos sexuales y reiteró lo que su predecesor Benedicto XVI había instaurado como política de “tolerancia cero” ante los abusos cometidos por clérigos de la Iglesia. 

De forma inédita, se reunió con un grupo de víctimas para escucharlos como padre, abriendo un camino que posterior a la visita papal se ha convertido en la llegada de un enviado especial, el  arzobispo de Malta, monseñor Scicluna, encargado a nivel mundial de la atención a denuncias de abusos en la Iglesia. El enviado y su secretario cumplieron la misión de escuchar a todos los que se acercaron a dar testimonios, víctimas y testigos de abusos en la Iglesia, con una atención particular a los que cuestionan al obispo de Osorno, monseñor Juan Barros. Esta atención particular era justamente la razón fundamental de los enviados del Papa Francisco, quien deseaba manifestar claramente su disposición de escuchar y conocer los argumentos y testimonios de los que no aceptan al obispo de Osorno.

Los frutos de la visita de Francisco se verán con el tiempo, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Sus exhortaciones, sus gestos, sus palabras, trascienden el momento en que se han dicho y compartido, y se convierten en objeto obligado de atención e implementación en los planes pastorales de la Iglesia de Chile. El Papa nos ha mostrado un camino, un estilo de ser Iglesia, una forma de enfrentar los problemas y desafíos. El oído atento, la acogida a todos, y la búsqueda de transparencia marcan una forma renovada de evangelizar, la que debe implementarse y recibirse como una misión recibida del mismo sucesor de Pedro.

La cercanía del Papa a las víctimas, el gesto de enviar un arzobispo a escuchar y acoger, la buena disposición en la indagación de la verdad y la justicia, de la que se espera mucho, son expresiones claras de la búsqueda del estilo de Jesús.

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