Restricción vehicular

Por: 2018-03-01

Nuevamente el alcalde Sergio Zarzar se refirió a la posibilidad de implementar una restricción vehicular en la comuna como una forma de enfrentar los severos problemas de congestión que enfrenta Chillán.

Si bien se trata de una idea cuyas características aún no se conocen, las críticas desde el gremio de la locomoción colectiva no se hicieron esperar, dado que según sostienen sus dirigentes, una medida de este tipo afectaría gravemente la rentabilidad del negocio, destacando que la restricción debiera aplicarse solo a los vehículos particulares, que son los que representan el 97% del parque automotor, que dicho sea de paso, se ha duplicado en una década.

El jefe comunal, por su parte, expresó que una decisión como ésta debe ser consensuada con la comunidad, y adelantó que los perjudicados podrían ser los particulares, ya que hacen un uso menos eficiente de los vehículos, al transportar menos personas.

La experiencia de otras ciudades, como Santiago, ha demostrado que la restricción vehicular reduce solo en parte la congestión, de hecho, en muchas familias la adquisición de un segundo vehículo se convirtió en regla. Por ello, es importante destacar que esta medida debe ser pensada como parte de un plan integral que aborde los distintos factores que han llevado a la capital de Ñuble a la crítica situación en que se encuentra, donde todos deben ser capaces de hacer un sacrificio por el bien común.

Sabido es que a la urbe le hace falta modernizar su red vial, mejorando el estándar de sus principales arterias diseñadas para un parque vehicular bastante menor al actual, pero tampoco se puede aspirar a que las vías se expandan al mismo ritmo que los automóviles.

Además, el fuerte aumento de la población y el inorgánico crecimiento urbano, fruto de la falta de planificación, entre otros factores, ha favorecido el surgimiento de verdaderos cuellos de botella en el acceso a sectores que se han expandido exponencialmente, como el Parque Lantaño, Vicente Méndez o el camino a Las Mariposas, entre otros.

El problema también se observa en el centro, donde debiera evaluarse alguna medida adicional, como la definición de un perímetro de exclusión que favorezca los medios de transporte más eficientes, como la locomoción colectiva y la bicicleta.

Y es que la cultura del automóvil se ha instalado con fuerza en una ciudad con un sistema de transporte público de muy mala calidad, dominada por un medio poco eficiente, como los colectivos, que además de brindar largos viajes, transportan menos personas que los taxibuses.

Es por ello que si bien la restricción puede ser una positiva medida, será solo un parche si no se abordan desafíos mayores, como la modernización de la locomoción colectiva, fortaleciendo a los taxibuses, con más y mejores máquinas que incrementen su frecuencia y con una malla de recorridos eficiente y con menores tiempos de viaje; el mejoramiento de las principales arterias, lo que supone grandes inversiones y resultados en el mediano plazo; y el fomento del uso de la bicicleta, con una amplia red de ciclovías que apueste por la construcción de una ciudad sostenible.

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