¿Prescindir de la filosofía en el sistema escolar?

Por: Germán Gómez Veas 2018-02-23
Germán Gómez Veas
html head title/title /head body phtml head title/title /head body phtml head title/title /head body p style="text-align: justify;"Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial./p /body /html/p /body /html/p /body /html

Ya parece una obsesión el capricho de diversos agentes del Estado por suprimir la enseñanza de la filosofía en la formación escolar. Hace un par de años que institucionalmente se ha intentado concretar este propósito en la enseñanza científico humanista, y hoy, a través de un dictamen insuficiente, nos enteramos que el Consejo Nacional de Educación ha dispuesto la eliminación de la enseñanza de esta materia en los colegios técnico profesionales porque estima que no es atingente que los alumnos le dediquen tiempo a esta materia cardinal de las humanidades. 

Los insignes miembros del actual CNE están en un error de proporciones puesto que todos los jóvenes que cursan las materias que buscan habilitarlos para el mundo de la formación superior o el ámbito laboral, requieren de conocimientos y habilidades que la filosofía ha proporcionado desde siempre y que no los logra en profundidad y envergadura otra asignatura. No quiero repetir los mismos argumentos que he presentado en varias ocasiones desde esta tribuna, pero sí es necesario reforzar la idea de que la profundización en las materias propias de la filosofía facilitará a esos jóvenes, una comprensión crítica de la sociedad actual y de la realidad en general; les ayudará a descubrir o incrementar su creatividad, como la capacidad de innovar; y asimismo, les encauzará a cultivar y fomentar los valores más vivos y penetrantes de la persona humana por medio de una mirada ética de la realidad. En este último aspecto, Bertrand Rusell señaló muy bien que las personas que no tienen ningún barniz de filosofía van por la vida prisioneras de prejuicios, sin cuestionarse ni buscar ampliar sus propios pensamientos.

¿Es tan difícil entender que jóvenes abiertos, desenvueltos, ejercitados, y proyectados en las materias propias de la filosofía, serán una significativa contribución al progreso del país?

En mi opinión, si como país nos proponemos progresar y llegar a ser desarrollados, resulta imprescindible promover un cambio en el sentido inverso a la disposición que señala hoy el CNE. Esto es, sería necesario organizar el curriculum escolar de tal forma que la enseñanza de la filosofía comience en los niveles de educación básica para que luego, en los últimos niveles de enseñanza media de todo tipo de proyecto educativo, se articule bajo un enfoque performativo la esencia de las temáticas abordadas por los cursos de filosofía. Así, los campos de despliegue y ocupación de la lógica, de la ética, de la estética, como también de la antropología filosófica, la filosofía política, y la filosofía del lenguaje, generarían un enorme beneficio en la integración de los diversos saberes de la formación escolar.

El desafío entonces, estriba en que los profesionales del Ministerio de Educación junto a los miembros del Consejo Nacional de Educación aborden esta oportunidad con una mirada de mayor altura, para proponer una revolución en el curriculum escolar. En este propósito con seguridad podrán contar con la asesoría de personas competentes en el ámbito de las humanidades  y con vasta experiencia en el trabajo pedagógico.

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