Más que grasa estatal

Por: La Discusión 08:20 AM 2018-02-20

Si hay un tema que genera expectativas e inquietud entre los 900 mil trabajadores que se desempeñan tanto en la administración del Estado, como en los planes y programas que éste financia, es la anunciada intención del Presidente electo, Sebastián Piñera, de “quitarle grasa” al sector público. 

El líder de la nueva coalición que gobernará al país se comprometió a entregar un detallado análisis de los diferentes programas y reparticiones estatales y eliminar aquellos que sean mal evaluados, lo que le permitiría redestinar recursos para cumplir su programa de Gobierno. De partida, una de las primeras medidas que adoptará será reducir en un 20% lo que definió como “gastos innecesarios y excesivos que hay en el aparato público”.

Compra de vehículos, contratación de asesorías, viáticos, viajes y comitivas presidenciales encabezan la lista del ajuste de cinturón que Piñera definió como el retorno a un sano criterio de austeridad que le permitiría recaudar poco más de 240 millones de dólares.

Elevado casi al nivel de mito, se dice que nuestra maquinaria estatal es la mejor de Latinoamérica, sin embargo, lo cierto es que, comparada con países desarrollados, no está a la altura en cuanto a diseño, ejecución y evaluación de políticas. Bien lo sabemos en Ñuble, peca de excesivo centralismo, exhibe fallas mayores en la gestión de su personal y carece de instancias eficaces de coordinación transversal. 

El Estado dista hoy de ser una máquina aceitada y dúctil y no mejorará solo con ajustes financieros, sino con una reforma integral que la actual administración esquivó, como también lo hicieron gobiernos anteriores, el primero de Sebastián Piñera incluido. 

Y es que reformar el Estado es un asunto complejo, potencialmente conflictivo y ofrece la peor combinación de costo-beneficio para cualquier Gobierno: los costos y el desgaste se pagan al contado, a cambio de beneficios que, casi siempre, se notarán en los gobiernos siguientes. 

En todo caso, mirando el creciente gasto del Gobierno, el Presidente electo no se equivoca en su diagnóstico y la agenda de modernización debería centrarse en la eficiencia del Estado y la rendición de cuentas del gasto público, pues es sumamente importante mostrar a todos los contribuyentes chilenos, en un formato entendible y medible, cómo y para qué se gastan los recursos públicos. De esta manera, se facilitaría el control social sobre la gestión pública. 

Complementario a lo anterior, sigue siendo sumamente necesario implementar una agencia de calidad de las políticas públicas, como institución autónoma, junto con realizar un profundo análisis al sistema de contratación y evaluación de funcionarios públicos. 

Será deber del próximo Gobierno tomar en serio el debate sobre el rol del Estado en la sociedad chilena, y reimpulsar una agenda de modernización para todas las instituciones públicas. Ello no solo fomentaría más confianza de la ciudadanía en el sector público, sino que desde el punto de vista de los contribuyentes chilenos, legitimaría la recaudación tributaria, pues a nadie le gusta que le suban los impuestos y menos que vayan a manos de un Estado ineficiente y poco transparente. 

 

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