Éxodo venezolano tiene en vilo a la región

Por: Agencias Fotografía: AFP 2018-02-12

Un universo de gente desesperada nutre día tras día la frontera más caliente de América Latina. Estamos en Villa del Rosario, el límite fronterizo de Colombia; al otro lado, el San Antonio venezolano. Y en el medio, el Puente Internacional Simón Bolívar y un número indeterminado de senderos en medio del monte que sirven como atajos ilegales.

La situación es tan desmesurada que el gobierno colombiano ordenó a sus arquitectos que revisen una por una las columnas que sostienen los tres puentes que separan los dos países. Nunca antes habían soportado tamaño tránsito de personas. Son tantas que ya diagnosticaron “señalamientos de las dificultades de la infraestructura”. Al otro lado, Nicolás Maduro niega la evidente diáspora, e incluso asegura que son los colombianos los que están entrando en Venezuela.

La gran mayoría se sienten como los sirios, expulsados de su país por un mal gobierno”, dijo Rubén Darío Poleo, líder de los emigrantes venezolanos que pernoctan en el Parque Santander, en el centro de Cúcuta. La capital del norte de Santander, a diez minutos de la frontera, era hasta hace poco un enorme dormitorio al aire libre. Pero el despliegue militar y policial de los últimos días, casi 3000 efectivos que se unieron a los que ya enfrentaban el nuevo “problema internacional” de Colombia, variaron el escenario local.

Cúcuta se convirtió también en una rampa de lanzamiento, ya sea en la misma Colombia o hacia Ecuador, Perú, Chile y la Argentina. La salida natural para Brasil es por el este, otra zona que sufre una terrible presión emigratoria que llevó a las autoridades brasileñas a tomar medidas ante la fuga masiva de sus vecinos. 

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