Brigadistas arriesgan sus vidas combatiendo incendios de noche

Por: Diana Aros Fotografía: Víctor Orellana 05:00 PM 2018-02-12

“Mientras toda la gente está en la playa, nosotros usamos botas”. Así describe su trabajo el grupo de brigadistas forestales nocturnos de la base Coyanco, en Quillón, quienes cada noche arriesgan sus vidas atacando incendios forestales. 

Víctor Aránguiz, Mauricio Sanhueza, Jonathan Contreras, Edwin Moya, Juan Fernández y José Parra son los ñublensinos que conforman este grupo especializado de la empresa Arauco en la contención y “estrangulamiento” de incendios en la región.

El objetivo de esta labor es uno y extremo: continuar las tareas de extinción de incendios que dejaron los brigadistas que trabajaron durante el día y seguir cuando no es posible realizar las acciones con otros recursos como aviones y helicópteros.

La carga de este oficio es grande, si se comete un error puede ser fatal. “Se juega con las vidas, cualquier paso que se de mal puede costar una vida o la de la brigada completa”, cuenta Víctor Aránguiz, jefe de la brigada nocturna de Coyanco. 

Detrás de todo el esfuerzo hay una familia que espera ansiosa por ver llegar a sus hijos o esposos, los que no dudan en prestar sus servicios y pasar más de nueve horas en la intemperie rodeados por las llamas y el peligro que estas traen. 

Pese al riesgo José Parra, motosierrista de la brigada, dice estar orgulloso de su trabajo. “Para mí ha sido una nueva experiencia esta temporada, porque la temporada pasada fue más dura. Nosotros trabajamos de noche, pero es algo bonito, estamos orgullosos de ser brigadistas porque prestamos un servicio a la comunidad”. 

Antes de ingresar a la brigada cada uno debe pasar por etapas de selección, las que consisten es pruebas físicas, psicológicas y charlas sobre el material y equipos que deben usar, además del conocimiento de los tipos de incendios a los que se enfrentan. 

La dificultad de esta labor no es un impedimento para los brigadistas. Mauricio Sanhueza, profesor de educación física y quien participa por primera vez en el grupo, comenta que esta experiencia sirve para dar una enseñanza a las personas. “Esto no es un juego, aquí se aprenden diferentes cosas, sobre todo el trabajo en equipo. Desde mi punto de vista lo encuentro un trabajo como todos los otros, es pesado, pero no se ha presentado ninguna dificultad”, remarca.

Juan Fernández, conductor del camión aljibe, agrega que “se conocen nuevas personas en el rubro y hay que ser precavidos por los riesgos que se corren. Es un trabajo bien gratificante en el sentido de aprender algo nuevo, es primera vez que vengo a esto y lo volvería a hacer”.

Combate en terreno

El análisis de cada incendio es una de las cosas más importantes, ya que el no tener claras las condiciones en las que se va a trabajar podría ser fatal para cualquiera de los brigadistas. En el grupo cada uno juega un rol distinto. El motosierrista es el encargado de la línea, el que abre camino y guía a las personas; y el jefe de brigada es quien da la orden para poder entrar, además de formular el plan de trabajo. 

Víctor Aránguiz explica que cada situación es diferente. “Los protocolos a seguir en caso de riesgo dependen del incendio. Si es una situación muy peligrosa, tampoco los voy a arriesgar a ellos, hay que evaluar el incendio y todo depende de eso para poder entrar. Si es muy peligroso hay que buscar nuevas formas de combate”, aclara.

La brigada cuenta con el apoyo de Work On Fire, empresa que distribuye y coordina los recursos e implementos bajo un marco estratégico, que facilita los implementos de seguridad y el conocimiento ante la prevención y posterior “estrangulamiento” del fuego.

Dentro de ese marco estratégico está el enseñarles la topografía del lugar donde trabajarán, los vientos que se producen de acuerdo a las temporadas y los cambios que tienen a medida que avanzan las horas, el correcto uso de las herramientas e implementos de seguridad, además de las diversas magnitudes de los incendios a los que se enfrentan. 

En tanto, los elementos a usar son variados. “Los principales son el EPP (traje de seguridad), las herramientas de combate como los maclavos y la motosierra, los guantes reforzados, el casco bullard, la linterna y las antiparras que usamos en la noche. Dentro de esto va la esclavina que nos protege el cuerpo”, explica el jefe de brigada.

José Parra comenta que “nuestro recurso es una camioneta para la brigada, más un camión con agua con el que trabajamos hasta que quede totalmente eliminado el incendio”.  

Víctor Aránguiz precisa: en ningún momento dejan de trabajar. “Si el viento cambia, nosotros cambiamos el plan de combate, para eso estamos preparados”.

Por otro lado, enfatiza en lo complicado que es el sector Coyanco al momento de accionar. “Esta es una de las zonas más complejas en el sentido de que los mismos terrenos son complejos para trabajarlos, porque son duros y los vientos juegan malas pasadas, sobre todo en la noche”.

El motosierrista José Parra detalla que todos los días se internan en el bosque para entrenar con las técnicas que van aprendiendo. “Hacemos prácticas en los terrenos y ahí vamos evaluando, se van rotando las personas para ver los lugares estratégicos donde funcionan mejor y que tengan un mejor rendimiento. La mayoría de los chiquillos lleva  poco en esto, es su primera temporada, por eso hay que entrenarlos y que vayan conociendo los terrenos”.

Los brigadistas Aránguiz y Parra son los que llevan más tiempo en el oficio, por lo que su manejo del tema y la reacción ante situaciones es mayor, ayudando a los novatos. “Los más antiguos deben ir instruyendo y tratar de que los nuevos se vayan ambientando al trabajo y a las condiciones, porque es totalmente distinto a otros trabajos”, detallan.

El subgerente de Asuntos Públicos de Arauco, Patricio Eyzaguirre, explica que los equipos especializados cumplen una tarea esencial. “Es en horas de la noche cuando la mayor humedad y bajo viento permiten tener una ventana para lograr el control de un incendio que no fue posible doblegar durante el día”, remarca.

 

Comentarios