Tribunal ha dictado cinco presidios perpetuos calificados en Chillán

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Victor Orellana 10:00 AM 2018-02-12

Paula, con un bolso de mano, caminaba sola por la calle Libertad, llegando a la entonces calle Yerbas Buenas, entonces con deficiente iluminación.

Cuando ya la oscuridad del entorno se sentía con fuerza, con una rapidez felina, salido de la nada y con una violencia demencial, se lanzó sobre ella el “violador del centro”, como había bautizado la prensa chillaneja al desconocido autor de cuatro robos con violación que conmovieron a toda la comuna.
Intentó primero arrebatarle el bolso, disparando groserías brutales, empujando y tironeando a la joven con toda su fuerza.

Lo que Gustavo Padilla Rivas, de 36 años, extrapecista de circo y cargador de sacos, ignoraba, era que Paula no era su víctima, sino su cazadora.
En cosa de segundos una patrulla de la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI llegó al lugar y de ella bajaron varios colegas de la “detective” Paula Diaz, quien al igual que la detective Priscila Maureira, casi por todo ese mes de septiembre de 2006 habían hecho de señuelo.

El 26 de septiembre del año siguiente Padilla Rivas se transformó en el segundo acusado en ser objeto de la sentencia de presidio perpetuo calificado desde la entrada en vigencia (en 2003) del actual sistema procesal penal, castigo con el que se reemplazó a la pena de muerte, en 2001, en Chile.

En Chillán el Tribunal Oral en lo Penal (TOP) ha decretado en cinco oportunidades esa sentencia, cuatro de ellas a acusados de violación con robo u homicidio y un quinto caso, por el delito de femicidio.

“No es una estadística baja para una ciudad como Chillán”, opina el arquitecto y ex director nacional de Gendarmería, Claudio Martínez, quien ha sido un público opositor a la incipiente idea que surgió por reinstaurar la pena capital en Chile, a raíz del homicidio y violación que sufrió Sophía, la pequeña portomontina de apenas dos años, en manos de su poliadicto padre.

Martínez agrega que “estos casos, o al menos cuatro de ellos, perfectamente hubiesen sido postulados a la pena de muerte si se hubiesen cometido antes del 2001, ya que generalmente se les aplicaba a personas con un perfil sicopático y por lo tanto imposibles de rehabilitar”.

El exdirector, siempre en esta lógica, completa su postura explicando que “si una persona pasa los 40 años efectivos y sin beneficio que significa el presidio perpetuo calificado, saldrá de la cárcel ya como adulto mayor, y es sabido que el delincuente habitual, con la edad deja de cometer delitos violentos, por lo tanto ya no es un peligro público, entonces no es necesaria la pena de muerte en Chile”.

El abogado chillanejo Gumercindo Quezada asegura que “no existe ningún estudio en todo el mundo que permita aseverar que la delincuencia disminuye en un país que tenga la pena de muerte, de hecho no porque se aumenten las penas disminuirá la delincuencia”.

Para el experto en derecho penal “hoy en día la delincuencia se ha visibilizado y se han amplificado sus efectos de temor, desde la reforma procesal penal que sistematizó e hizo mediático este fenómeno, pero lo cierto es que antes no había tanta sensación de inseguridad”.

Pese a que la violación es uno de los delitos más repudiados por la sociedad, el fiscal Eduardo Planck, quien por ocho años lideró las investigaciones de este tipo de casos, explica que “personalmente nunca me encontré con una víctima o con sus familiares que siquiera me sugiriesen pena de muerte para el agresor”.

Sentencia y suicidio

La primera vez que el Tribunal Oral en lo Penal de Chillán decretó el presidio perpetuo calificado fue en contra de Joel Isaac Ulloa Rubilar, el llamado “violador de las Murallitas”, un 7 de agosto de 2006.

El año anterior Ulloa, de 27 años,  acababa de cumplir una condena por robo y abordó a una pareja de universitarios que se encontraba al interior de un vehículo en un sector conocido como “Las Murallitas”, ubicado al costado oriente del condominio El Otoñal, donde nace el camino a Coihueco. 

Cuchillo en mano, metió al joven al portamaletas y a la estudiante la violó en reiteradas oportunidades.

Días después, fue capturado por la PDI chillaneja.

Ulloa no se comunicaba con nadie porque estaba aislado, además era adicto a la laca de barnizar, y al no poder drogarse solía estar en condiciones sicológicas en extremo inestables.

Un mes después de dictada la sentencia, el sicópata fue trasladado a la cárcel El Manzano en Concepción y allí fue encontrado por los gendarmes, ahorcado en su celda, ya que “no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida preso y en esas condiciones”, explicaron.

En Pinto y San Carlos

El tercer caso de presidio perpetuo calificado correspondió a José Germaín Cárdenas Vásquez, quien entre abril y diciembre de 2006 atacó a diversas mujeres, en la comuna de San Carlos.

La PDI logró acreditar siete casos, con víctimas de entre 14 y 20 años, violando a cuatro de ellas.

El agresor, de entonces 23 años, fue condenado por dos delitos de robo con violencia y cuatro de robo con violación.

En tanto, en abril de 2007 Pinto fue escenario de uno de los crímenes más brutales que recuerde esa comuna.

Luis Monsalve Monsalve había conseguido empleo de garzón en un restorán en la comuna de Pinto. La hija de sus jefes, de solo 13 años y quien presentaba déficit intelectual,  comenzó a ser paulatinamente seducida por él.

Un día que la niña ingresó a una bodega a buscar leña y fue abordada por el garzón. La violó, la estranguló y la escondió.

Con pruebas de ADN se comprobó su autoría en el crimen que finalizó con el presidio perpetuo calificado el 8 de agosto de 2009.

El caso de femicidio

Alexis Mora Álvarez fue el último acusado en ser condenado a la pena más severa de nuestra legislación.

La condena dictada el 12 de febrero de 2014 fue su castigo por el femicidio de su exesposa, Miriam Fuentes  Blanco, de 31 años, de quien estaba separado  y con una orden anterior del tribunal de no acercarse a ella debido a varios episodios de violencia intrafamiliar.

Mora, llegó una noche del 2 de diciembre de 2012 ingresó clandestinamente a la casa y la apuñaló varias veces hasta matarla, por celos. Su hijo de 10 años fue quien salió a pedir ayuda por el vecindario.

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