Desigualdad en el acceso a la educación terciaria

Por: Roberto Herrera Cofré 2018-01-29
Roberto Herrera Cofré
Docente de la Escuela de Administración y Negocios

Docente de la Escuela de Administración y Negocios, Universidad de Concepción, Campus Chillán. Ingeniero Comercial, Licenciado en Ciencias de la Administración. Magíster en Agronegocios de la Universidad del Bio Bío. Área de Especialización: Desarrollo Económico Local.

 

La desigualdad no solo toca la arista social, sino un aspecto más profundo, como lo es la educación formal que se entrega en todos sus niveles, desde la educación pre-escolar hasta la Educación Superior. Un conjunto de elementos tanto del entorno como de la historia familiar segmenta la sociedad en distintos estratos, que restringen las oportunidades de ingresos, salud y accesibilidad a la educación. Esta realidad es preocupante dado que tiene influencia directa en la movilidad social, educacional y laboral que una persona puede experimentar a lo largo de su vida. Tal como se indica en el estudio sobre la movilidad social intergeneracional en Latinoamérica, realizado por Azevedo y Bouillon (2010) la movilidad educacional y el acceso a la Educación Superior son los principales determinantes de la movilidad en países desarrollados. Para Latinoamérica, con la excepción de Chile, las altas tasas de inmovilidad parecen estar asociados a un acceso limitado a la Educación Superior. El gran desafío que enfrenta hoy el gobierno y la sociedad en general es disminuir las brechas sociales, a través de la educación como principal canal para romper esta suerte de determinación por origen. 

El acceso a la Educación Superior en Chile va más allá de los sistemas de admisión y procesos de selección universitaria mediante PSU, notas de enseñanza media (NEM) y el actualmente incorporado ranking. Es más bien el resultado de una experiencia educativa, que según World Data on Education de la Unesco (2010-2011) se compone de 12 años obligatorios, donde la educación preprimaria no es obligatoria a diferencia de los niveles de educación primaria de ocho años y educación secundaria de cuatro años. Para poder ingresar a la Educación Superior se exige como requisito mínimo la licencia de educación media y rendición de Prueba de Selección Universitaria. Como señala la investigación realizada por Rodríguez (2012), la educación recibida en los niveles primario y secundario está determinada por la condición social y económica de las personas, lo que repercute en los resultados de procesos de selección universitaria. Rodríguez, basándose en los datos entregados por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) de la Universidad de Chile, establece que las condiciones de origen de los estudiantes pueden ser más determinantes que sus talentos para ingresar y elegir la institución de Educación Superior. 

En definitiva, los estudiantes que ingresan a primer año poseen arraigado consigo mismo un conjunto de características propias y de su entorno que determinan sus perfiles de ingreso y esto por consecuencia se presume un determinante con alto factor de impacto en el rendimiento académico y calidad de profesional que adquiere una persona que ingresa a la educación terciaria, ya sea técnica, mediante Centros de Formación Técnica (CFT) o Institutos Técnico Profesionales (IP); o bien universitaria mediante universidades tradicionales, públicas o subvencionadas, y privadas.

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