Agua para Ñuble

Por: La Discusión 08:00 AM 2018-01-29

Las inversiones que están proyectadas en Ñuble, destinadas a resolver parte importante de los problemas de riego en prácticamente todo su territorio, abren una nueva oportunidad para este importante sector productivo, al punto que encuentros ciudadanos, foros y seminarios adscritos al proceso de instalación de la nueva región, sitúan al factor recurso hídrico como el más importante para el futuro de esta zona. 

En la región hay al menos cuatro embalses proyectados. El más emblemático es La Punilla, en el río Ñuble, que está a la espera de su licitación. Pero también estudios de factibilidad para un futuro embalse en el río Chillán, en la zona de Los Pellines, y proyectos similares para el río Niblinto y Diguillín, este último denominado embalse Zapallar. 

En total, estas obras permitirían regar e incorporar a producción a 200 mil hectáreas. Una revolución, han dicho muchos. Pero ante este positivo escenario, conviene preguntarse si existe el capital humano, la tecnología, los recursos y la voluntad para aprovechar estas inversiones y darle un cambio a la agricultura, desde un desarrollo más familiar, hacia un mayor aprovechamiento de los terrenos. 

Debe entenderse que mejorar la productividad, establecer un polo de crecimiento y empleo regional, dándole valor a toda la cadena de producción asociada a la agricultura y agroindustria, requiere más que agua. Lamentablemente, Ñuble se ha ido quedando atrás en su crecimiento, a pesar de tener excelentes condiciones en cuanto a recursos naturales, ubicación geográfica y clima. 

Como suele ocurrir antes estos fenómenos, la explicación es multicausal. Sin embargo, se pueden identificar claramente algunos de estos aspectos. La atomicidad de la propiedad, el poco interés de las nuevas generaciones por trabajar en el campo, la ausencia de incorporación de tecnología y capacitación en los procesos productivos y en los negocios, la ignorancia y el consiguiente desaprovecho de los programas de fomento agrícola que ofrece el Estado y la lentitud de evolución de productos básicos hacia otros con valor agregado, no han permitido sacarle un mayor provecho a la agricultura local. 

La globalización también impacta al sector, lo que obliga a modernizar los procesos, desde la siembra hasta la venta final, utilizando el marketing, las ruedas de negocio, la denominación de origen, los cluster y todas las herramientas que suponen participar de un mercado de miles de millones de personas. 

Las oportunidades hay que saber aprovecharlas y la disponibilidad de agua para terrenos que hoy están sufriendo los impactos del cambio climático, es una de estas ventanas que se abren.

Los empresarios agrícolas de la nueva región ven con buenos ojos los embalses proyectados, pero también son realistas a la hora de observar que no todos están dispuestos a sumarse a esta nueva forma de ver la agricultura.

 Sin duda ha faltado mayor voluntad de sus propios actores, pero también de una política más agresiva y coordinada entre los entes de fomento, de capacitación, innovación y comercialización. Ha sido promesa frecuente en campañas electorales, pero hasta ahora ningún gobierno ha hecho una apuesta fuerte y decidida por el sector agroalimentario, una jugada con mirada estratégica, como aquellas que promovieron a la minería y la industria forestal. ¿Será éste el que permita el salto?  

 

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