El “Discurso del Bío Bío” que le regaló a la Octava Región

Por: Carolina Marcos Fotografía: La Discusión 08:05 PM 2018-01-27

El 24 de enero de 1996 fue un día especial para la Universidad de Concepción y la Región del Bío Bío en general. Días antes, la casa de estudios había decidido entregar el título de Doctor Honoris Causa a Nicanor Parra Sandoval, un estímulo que el antipoeta recibió con cariño y agradecimiento. 

Ceremonia
El rector de la época de la Universidad de Concepción, Augusto Parra, fue el encargado de entregar el título a Nicanor Parra en una soleada mañana de enero. Según el relato, el interés que despertó la presencia del antipoeta era evidente al contemplar la ansiedad con la cual los presentes repletaron el salón en donde se realizó  la ceremonia.  

Augusto Parra, en su discurso, comentó que Nicanor Parra “ha abierto cauces para la expresión del hombre, sin servilismo a convención alguna, desde su creatividad y con la fuerza que da a la observación por sí mismo del estado de las cosas presentes. Su antipoesía interpela a la conciencia, no para que se comparta la rabia que parece brotar de su alma, sino para que cada uno, desde su propia condición humana, desde el ejercicio porfiado de su libertad, tome partido frente a su circunstancia”. 

Acto seguido el secretario general de la Universidad de Concepción, Carlos Álvarez, procedió a leer el acuerdo a través del cual se otorgó la aludida distinción. En uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, Nicanor Parra firmó el libro de los doctores Honoris Causa, acto tras el cual el rector procedió a otorgarle la medalla que lleva la efigie de Enrique Molina Garmendia y que solo está reservada para aquellos personajes que han traspasado las fronteras de nuestro país a través de un trabajo prolongado y sistemático, como Nicanor Parra Sandoval lo hizo durante estos 103 años de vida.  

“Para decirlo de una vez, advertiré que mi discurso consta de una sola palabra. Gracias. Y lo demás sería lo de menos”, empezó Parra su “Discurso del Bío Bío”.  

“La primera vez que pasé por aquí, de esto hace una porrada de años, fue en condición de vendedor ambulante, frutas verduras, útiles de escritorio. No olvidaré jamás ese canasto de mimbre. Tendría unos 12 ó 13 años. Estaba en el 2º o 3º Año de Humanidades en el Liceo de Chillán. Ahora soy doctor honoris causa, caramba. Gozo de la confianza de algunos filósofos. El oráculo tenía razón, cambia, todo cambia. Solo la dictablanda permanece”, dijo el antipoeta  provocando las risas y aplausos de los presentes.

“Yo tenía un temor patagüino a que alguna vez se me declarara doctor. Ahora veo que no es nada del otro mundo. Todo lo contrario, algo perfectamente natural como nacer, como contraer matrimonio, como tener hijos, y por qué no decirlo: como morir”, siguió. 

“¿Cuándo piensan erigirme una estatua? Ya estaría bueno. La paciencia también tiene su límite. Sin estatua me siento miserable. Pero x favor que sea de barro. Para que dure lo menos posible. Yo soy un hombre que ha sufrido mucho. Más de lo que delatan las arrugas. Solo creando mundos me consuelo”, precisó.

La antientrevista
LA DISCUSIÓN viajó hasta la capital penquista para estar presente en la ceremonia y logró una “antientrevista” con el hijo de San Fabián. La realizó Francisco Martinic, quien actualmente se desempeña como director del matutino, a quien Parra le dedicó cariñosas palabras para con Chillán. “Iré cuando me inviten”, lanzó entre saludos y felicitaciones. 

-Tiempo que no venía “Don Nica”...
-Tiempo. Estoy impresionado con Concepción. Desde luego no es provincia. No sé si será positivo o negativo. Es una capital, para bien o para mal. 

-¿Cómo se siente con esta distinción?
-Mire, este es el diploma, la medalla ya la guardé, es un hecho, se produjo un poco tarde, hubo que esperar bastante ¿no? Pronto cumpliremos los cien. Hay un dicho por ahí que dice más vale ¿Cuánto?

-Tarde que nunca...
-Creo, parece. Es un premio a la longevidad. 

-Un premio merecido.
-Inmerecido, atención, yo dije inmerecido.

-¿Qué le parece que 17 universidades norteamericanas lo postulen al Nobel?
-Ese es un Premio Nobel de Literatura y yo soy antiliterato. No tengo nada que ver ahí. 

-¿No le interesa?
-Para nada, porque soy antipoeta, no poeta. Cuando se cree el Premio Nobel de Antiliteratura, ahí sí que me voy a preparar yo, ahí sí que voy a afilar las estacas. 

-Entonces, usted es un antidoctor Honoris Causa.
-Yo creo que eso hay que dejárselo a la posteridad. 

-¿No es un contrasentido estar en contra del ‘establishment’ y recibir un reconocimiento académico de esta naturaleza?
-Sí, pero estamos condenados a la contradicción. Sin contradicción no hay nada. Parece que cuando se renuncia a ella se cae en la ideología. Por ahí va la cosa. Y ya sabemos cuáles son los maleficios de las ideologías. 

-Los recuerdos de Chillán, Villa Alegre
-Ah Chillán, Villa Alegre, Villa Alegre no era muy alegre que digamos porque quedaba cerca del cementerio. 

-Un saludo para los chillanejos.
-¿Qué le puedo decir a Chillán?

-Estuvo de cumpleaños el terremoto...
-¿El terremoto está de cumpleaños? Felicidades entonces. 

-¿Será posible tenerlo en Chillán pronto?
-Si me invitan, voy. Y si no me invitan, no voy. 

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