Nuestro Nicanor

Por: La Discusión 08:55 AM 2018-01-24

Los creadores tienen características propias que los ubican en distintos niveles y los hacen parte importante de la cultura de los países y ciudades y, eventualmente, solo a algunos elegidos, se transforma en verdaderos íconos. Es el caso de Nicanor Parra, referente literario indiscutible a nivel nacional y mundial l. Una mente privilegiada que, con talento e inspiración llegó a emocionarnos, alegrarnos, conmocionarnos e incluso a producir sensaciones ambivalentes y hasta incómodas. 

Por eso, al vate que ayer falleció a los 103 años es casi imposible etiquetarlo y reconocerlo en una sola línea de expresión o de comunicación con sus contemporáneos. Lo que sí es indiscutible es que el antipoeta nunca puso en duda su procedencia y aunque residió por más de 30 años en Las Cruces, siempre reconoció que en Ñuble, en San Fabián de Alico y luego en Chillán, partió todo. Allí nació esa originalidad y vitalidad, como también experiencias vitales que marcarían su vida y obra para siempre, entre ellas el terremoto del 24 de enero de 1939, que lo sorprende como un joven profesor del Liceo de Hombres de nuestra ciudad.

Hace siete décadas nuestro coterráneo revolucionó la literatura. Por entonces, no dudó en definir el tipo de género poético de sus colegas en la primera mitad del siglo XX como “el paraíso del tonto solemne”. Y sobre esa crítica repensó y construyó la poesía en un estilo muy personal: la llamó antipoesía, que son poesías escritas como quien habla, sin metáforas. Poesías ancladas en la contradicción y la antinomia, cuestionando tanto las convenciones del lenguaje común, como las retóricas de la lírica. 

La crítica especializada ha dicho que la antipoesía destronó el altisonante yo poético de raíz romántica, para volverlo un hombre común, un individuo que remeda gestos, mezcla registros, combina enunciados, denuncia y habla por todos y en todas las formas en las que el mundo social se autodesigna: letreros, grafitis, frases hechas, opiniones, noticias, nombres, fórmulas.  Sus célebres “artefactos” combinaron imágenes con inscripciones para generar un efecto de incongruencia: un sarcasmo, una paradoja o un chiste. La foto de un tomate atravesado por un clavo es una “naturaleza muerta” o un huevo en equilibrio vertical sobre una superficie oscura es el “Descubrimiento de América”. 

Desde el punto de vista político, Parra transitó por varias doctrinas, pero nunca se contaminó totalmente con ellas. Escéptico hasta la medula, su pensamiento se resume en un célebre artefacto: “La izquierda y la derecha unida, jamás serán vencidas.”

Un solo poema de Nicanor Parra podría parecer un mero alarde de ingenio, pero el conjunto de su obra poética revela una verdadera crítica del lenguaje como representación del mundo. Su aporte fue reconocido en todo el orbe y por ello recibió las más altas distinciones que otorga la lengua hispana. Solo le faltó el Nobel de Literatura, pese a que en tres oportunidades fue postulado para recibirlo. “A otro Parra con ese hueso”, ironizó sobre el esquivo premio. 

Este hijo ilustre de Ñuble fue capaz de ir desde lo más profundo a lo más superficial, desde lo más simple a lo más complejo y desde lo más placentero a lo más perturbador. Su arte, sin duda, nos acompañará para siempre, invadiéndonos con sus cuerdas locuras, sus lógicos disparates y verdades incómodas. Nicanor Parra es, simplemente, eterno.

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