Un hijo de Ñuble que maravilló al mundo

Por: Carolina Marcos Fotografía: La Discusión 09:10 PM 2018-01-24

Es 5 de septiembre de 1914, en el sector de Las Guardias, en San Fabián de Alico, Nicanor Parra y Clarisa Sandoval esperan a su primer hijo, al que llamarán como su padre si es que la criatura es un varón. El alumbramiento de la mujer se hace difícil, pero con la ayuda de una partera de la zona el niño nace sin mayores complicaciones. Nadie podía en ese minuto presagiar que 103 años más tarde, ese débil y pequeño varoncito se convertiría en un poeta de fama mundial, en el fundador y padre de la antipoesía, en el referente de las letras contemporáneas. 

La familia Parra vivía por los azares de la vida en ese sector. El trabajo de docente de Nicanor padre los había llevado a San Fabián, según investigadores que han logrado reconstruir la historia familiar en la Región de Ñuble. La itinerancia del trabajo mantuvo al clan moviéndose en esos años por distintas localidades, como Santiago, Lautaro y Ancud, hasta llegar a Chillán y su querido Barrio Villa Alegre,  que tanto recordó durante los últimos años y en donde nacieron varios de sus nueve hermanos como Eduardo o Roberto.  

En 1927 Nicanor comenzó a asistir al Liceo de Hombres de Chillán, establecimiento que mantiene los libros de clases de la época, los que dan cuenta de un alumno aventajado con respecto a sus compañeros, con los que compartió hasta quinto año de humanidades. 

El barrio de Villa Alegre en Ultraestación, donde vivió junto a sus hermanos, entre ellos Violeta e Hilda, marcaría también de cerca al futuro del antipoeta. Así recordaría el vate en una entrevista del escritor Edmundo Palacios, su infancia en la ciudad: “Viví la parte más importante de la infancia y de la adolescencia cerca de un cementerio. Vivíamos en el barrio de Villa Alegre, y todos los días veía pasar carrozas que entraban en el cementerio llenas de flores y regresaban vacías. Nuestros juegos de niños y nuestras picardías las hacíamos en el cementerio, en medio de las tumbas; después, iba a estudiar mis materias del liceo en medio de su silencio acogedor. Por eso la muerte aparece en mi poesía como una fuerza motriz”, dijo Parra en el texto “El poeta es un hombre del montón”. 

Nicanor Parra dejó Chillán en 1932 para enfilar hacia Santiago y hacer su último año de secundaria en el Internado Nacional Diego Barros Arana. Esto fue posible gracias a la beca de la Liga de Estudiantes Pobres, la cual lo había evaluado en Chillán y se había percatado de sus aptitudes académicas. 

Una vez concluida la secundaria, Parra ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, para estudiar Matemática y Física, los que financia alternando como inspector en el Internado del Barros Arana. Ya titulado, en 1937,  el joven regresa en calidad de docente al Liceo de Hombres de Chillán, el mismo donde estudió. Durante esos meses de docencia nunca deja de escribir y se involucra con la actividad cultural de la ciudad que lo vuelve a acoger. 

El año 1938 LA DISCUSIÓN consigna varias notas dedicadas a las tertulias y lecturas poéticas que el joven profesor realiza por cada rincón en donde es invitado. Además, en Chillán es en donde da vida por esos años a su libro “Cancionero sin nombre”, el que le valió el Premio Municipal de Arte de Santiago; y poemas como “Himno guerrero”,  que Oreste Plath publicó en su “Antología” de 1941.

1939, el adiós definitivo 
Poco antes del terremoto del 24 de enero de 1939, Nicanor Parra ya era conocido en los círculos de la cultura de Chillán. Paseaba su poesía por toda la provincia y colaboraba estrechamente con el Diario LA DISCUSIÓN, a través de diversos escritos, columnas y poemas. 

Uno que llama la atención es el publicado el 5 de noviembre de 1939. Se llama “Cante jondo” y resultó ganador en el Concurso Literario de los ex estudiantes del Liceo de Hombres de ese año. En esa misma publicación, Nicanor Parra firma su poema con un seudónimo; se hace llamar “El ángel harapiento”. 

Parra parecía disfrutar este tiempo, que se cortó abruptamente la noche del 24 de enero del año 1939 con el terremoto, tragedia a la que Parra, desde su óptica de protagonista de los movimientos telúricos, también escribió. 

Según se consigna en varios documentos, el Premio Cervantes no soportó la crudeza de las imágenes que dejaron la tragedia a su paso. Además, enterarse de la pérdida de colegas, amigos y alumnos, fue una carga que no pudo sobrellevar, decidiendo regresar lo antes posible a Santiago. 

Tras su regreso, el poeta viajó  a Estados Unidos becado por el “Institute of International Education” para realizar estudios de especialización. en 1949 hace lo propio en Inglaterra, periodo en el cual se conectó  con la literatura y cultura de Europa. 

En 1954 publica “Poemas y antipoemas”, el libro que propició un nuevo paradigma  en la poesía chilena y marcó la irrupción de su modelo antipoético. 

Con el tiempo vinieron otras publicaciones como “La cueca larga” (1958), “Versos de salón (1962), “Canciones rusas” (1967), “Obra gruesa” (1969), “Artefactos” (1972), “Sermones y prédicas del Cristo de Elqui” (1977), “Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui” (1979), “Chistes para desorientar a la poesía: Chistes parra desorientar a la policía” (1983), “Coplas de Navidad” (1983), “Poesía política” (1983) y “Hojas de Parra” (1985), además de varias antologías. 

Pero además recibió varios galardones como el Premio Nacional de Literatura en el año 1969, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2012), el Premio Juan Rulfo en 1991, el Reina Sofía en 2001 y, el Premio Cervantes en el año 2011.

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