El verso de la participación

Por: La Discusión 09:30 AM 2018-01-22

En la última elección municipal era prácticamente imposible encontrar candidatos y pre candidatos a alcaldes y concejales que no tuvieran  entre sus propuestas “fomentar la participación ciudadana”. Pero ¿qué ha ocurrido después de los comicios, una vez que esos candidatos fueron electos? 

Lo más probable es que en una minoría de comunas, de las 345 que existen en el país, los ciudadanos hayan tenido la posibilidad de incidir en alguna decisión medianamente importante para su territorio, por medio de plebiscitos o presupuestos participativos.  Sin embargo, en la gran mayoría de las comunas, los ciudadanos reducen su participación en los asuntos públicos únicamente a elegir autoridades cada 4 años. 

Es cierto que hoy existen mecanismos y espacios de participación a nivel municipal, pero todos ellos tienen la característica común que son de carácter informativos y consultivos. Salvo los presupuestos participativos -herramienta que en Ñuble no es utilizada por ninguno de los 21 gobiernos comunales- los demás no se vinculan a decisiones locales, aunque estas decisiones sean marginales y se reduzcan a sedes, veredas o iluminación. 

En efecto, desde los ‘90 y hasta ahora, el protagonismo en materia de participación ciudadana lo han tenido mecanismos informativos y consultivos (programas radiales, boletines informativos, canales de TV municipales, páginas web, consejos de la sociedad civil) que representan el primer eslabón básico de la participación. Asimismo, otros espacios tradicionales son disfrazados de espacios de participación como los consejos consultivos y los fondos vecinales y del deporte, entre otros. 

El problema es que esta tendencia conlleva un enorme riesgo y es que esos espacios se transformen en un instrumento de renovación de liderazgos clientelares, y en algunos contextos, de legitimación de agendas públicas para actores políticos que ven en ellos una oportunidad para imponer su lógica verticalista en el espacio público. Como consecuencia, se transforman en mecanismos participativos cooptados por actores no representativos, especialmente cuando la sociedad civil no logra empoderarse de los procesos, y la voluntad política del representante adquiere un excesivo protagonismo frente al representado. 

El gran desafío de que hoy tienen las democracias locales es precisamente buscar las formas más eficaces de complemento entre la responsabilidad de la decisión que tiene el representante con las nuevas formas de participación en la decisión que demandan los ciudadanos, lo cual implica compartir espacios de decisión en temáticas municipales. 

Este enfoque de participación no pretende reemplazar al representante, sino más bien complementar su acción y mejorar la calidad de las decisiones que se tomen sobre los asuntos públicos locales. 

Ni reemplazo de los representantes ni subordinación o cooptación de la participación de la sociedad civil; el camino es el complemento, pero para ello y dada nuestra legislación vigente, se requiere de autoridades dispuestas a distribuir el poder y de ciudadanos dispuestos a ocupar esos espacios, exigirlos y hacerlos prevalecer por sobre el verso de la participación que tan bien recitan nuestros políticos cuando, cada cuatro años, buscan el voto.

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