Migración haitiana y discursos del odio racista

Por: María Loreto Mora Olate 2018-01-17
María Loreto Mora Olate
Dra. (c) en Educación. Universidad del Bío-Bío. Becaria Doctoral Conicyt.

Profesora de Castellano, Licenciada en Educación y Magíster en Educación. Universidad del Bío-Bío. Máster en Asesoramiento Educativo Familiar. Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense. Madrid. Diplomada en Fomento de la Lectura y la Literatura Infantil y Juvenil. Pontificia Universidad Católica. Docente Facultad de Educación y Humanidades de Universidad del Bío-Bío. Chillán. Investigadora de la revista cultural "Quinchamalí".

Por red social leo que Yvenet Dorsainvil Oris, profesor haitiano y autor del Diccionario kreyòl-español, comparte, ya hastiado, un mensaje ofensivo que le ha llegado su Facebook. En el posteo en cuestión se leen trazas de la alusión zoomórfica hacia la otredad negra (“mono”, “simio”), por lo tanto, sin derecho a pensar y producir conocimiento (“das tanta risa tratando de ser educado, elegante y culto”). A su vez, se evidencia el mito de la invasión de extranjeros (“los asquerosos haitianos que llegan en masas al país”), y en ello también han contribuido los discursos de los medios de comunicación, porque las cifras indican que son más los chilenos/as que emigran.

En las noticias escucho que el presidente Trump, durante una reunión con legisladores en la Casa Blanca, dos senadores le plantearon un proyecto de ley migratorio que otorgaría visados a ciudadanos de El Salvador, Haití, Nicaragua y Sudán. El mandatario se pregunta:”¿Por qué tenemos a toda esta gente de países agujero de mierda viniendo aquí?”.

Claramente dichos discursos del odio merecen nuestra atención. Es necesario analizar en profundidad la discursividad racista que se vehicula en las redes sociales y en medios de comunicación, discursos que vienen a confirmar la discriminación estructural que enfrentan los migrantes en general y las personas haitianas en particular. No podemos dejar pasar estos mensajes de rechazo y comparto con Francisco Jara que “todos los genocidios y matanzas en nuestra historia han tenido por antecedente discursos que previamente han negado la calidad de ser humano del otro”. 

Dicho rechazo revela la negación sistemática de un pasado afrodescendiente del cual somos herederos en América Latina y que la presencia de personas haitianas, nos viene a recordar, poniendo frente a nuestros ojos lo que María Emilia Tijoux denomina “el temor a perder lo chileno que se instala como la coraza que impediría la contaminación de la cual hace siglos otros más blancos y lejanos también han buscado limpiarse” ¿Limpiarse de qué? De la negritud.

Entonces, en este ejercicio del rechazo emergen expresiones como: “a la gente decente de este país no le interesa saber de tu cultura, ni tu historia, ni aprender tu idioma de animales como el creyol”, que siguiendo a Anibal Quijano, revelan la fuerza de un colonialismo del saber y del conocer, impuesto por un Estado Nación que buscó el progreso en clave “blanca-europea” en una lógica, como lo plantea Tijoux, de jerarquía cultural y racial que configura la dimensión discursiva que opone el “salvaje” al civilizado. 

Ahora una escena interpeladora: Cuando llegaba a mi lugar de estudio, vi a una pequeña niña haitiana que entraba feliz de la mano de sus padres a su ceremonia de egreso de Kinder que se realizaba en el salón auditorio de la Facultad de Educación y Humanidades. Confío que en unos años más, esa misma niña haitiana ingrese a la universidad, igual de feliz y libre ya de los actuales discursos del odio racista, de los cuales sí debemos limpiarnos.

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