Campistas urbanos se toman espacios públicos

Por: Nicole Contreras Fotografía: Victor Orellana 08:30 AM 2018-01-15

juan Moreno (31) duerme dentro de su carpa azul a las 14:00 horas bajo un árbol de la Plaza La Victoria. Llegó la noche anterior desde Concepción. Estudió tres años comercio internacional en un instituto, fue cajero de un banco y alguna vez, cuando era niño, tuvo una casa; ahora solo tiene doscientos pesos, un bolso con dos mudas de ropa y una carpa. Dirá que quiere ir a Calama para trabajar en minería, luego se arrepentirá y pensará que es mejor Santiago, o La Serena, o Valdivia. A donde quiera que vaya, siempre dormirá en la carpa.

Algunos están ahí por motivos de turismo, otros porque no tienen un lugar físico donde dormir. Son las historias que se encuentran dentro de las carpas que se han instalado en las plazas y calles de Chillán en los últimos meses. A todos les une una razón: no soportar estar en una casa por mucho tiempo.

La itinerancia 
Un leve olor a marihuana, frazadas con resto de pasto esparcidas por el suelo, palitroques, títeres, mochilas y una carpa que esta vez decidieron no armar, adornan la plaza. Luciano Pernisi (19), argentino y sus siete amigos de distintas nacionalidades, todos menores de 25 años, llegaron desde Santiago la noche anterior. No iniciaron el viaje juntos, se conocieron en Valparaíso y en cinco minutos ya eran amigos. Salieron de sus casas hace meses, algunos estuvieron antes en Bolivia, otros en Perú, siempre en la carpa o durmiendo a la intemperie. Financian el viaje gracias a los palitroques y a la guitarra, o bien piden dinero en las calles. Se quedaron en la plaza porque “estaba cómoda”, dicen.

Luciano es hijo de artesanos trasandinos, sus padres nunca tuvieron un lugar fijo para vivir,  desde los seis meses de edad su  familia se cambió de casa constantemente, por distintas ciudades. Dice haber vivido en Uruguay y en España, ya no viaja con sus progenitores, ahora lo hace solo y es su estilo de vida: “Mis padres eran nómadas, lo llevo en las raíces, en la sangre, me gusta poder levantarme en la mañana y hacer lo que yo quiera, ir al norte, al sur, al este o al oeste”, afirma. 

Víctor Fernández, director de Aseo y Ornato de la Municipalidad de Chillán, asegura que no se debería hacer uso del espacio público con estos fines.

“En este periodo estival hay muchos jóvenes mochileros que pasan y se quedan un par de días y generan esta complicación, tanto por el mal uso del espacio público, pero también por el libre transitar de la gente. Hemos tenido algunas dificultades con las reacciones violentas de estos jóvenes con los funcionarios que realizan limpieza y riego del área verde, no se quieren levantar ni sacar sus carpas, para cumplir la limpieza y mantención del área”, comentó. 

Fernández dice que la municipalidad pide apoyo a Carabineros, quienes tienen la facultad para cursar multas. Sin embargo, agregó que “pasarle una multa a alguien que está haciendo uso del espacio público de esa forma no tiene sentido, muchos de ellos no tienen ni siquiera identificación”. Además recalca que no han recibido reclamos formales por parte de la ciudadanía. 

Luciano y sus amigos no saben dónde irán, pero la mayoría de ellos no quiere volver a casa. 

La incertidumbre
Juan Moreno fue abandonado por su madre a los 13 años en La Pintana. Un día ella se fue de la casa y volvió solamente para venderla, cuando él había cumplido los 18. En sus años de ausencia, Juan pensó todas las navidades en la posibilidad de suicidarse, pero no lo hizo. Tuvo que vender dulces en las calles para subsistir. Después de la venta de la casa no volvió a ver a su madre, y él se dedicó a viajar por distintas ciudades realizando un espectáculo en la calle, en el que se disfrazaba de una anciana de pelo morado que perdía el equilibrio. 

No quiere volver a estar en un lugar fijo: “Puedo ganar harta plata vendiendo cosas en  varias ciudades y así aprovecho de conocer”, asegura. Luego piensa que tendrá tanto éxito con la venta de dulces, que comprará una cadena de farmacias o de supermercados. Cuando tenía siete años quería ser presidente de Chile. 
Desarma su carpa con rumbo al terminal, allí pedirá la cooperación de la gente para comprar un pasaje que no sabe que destino tendrá. 

La tranquilidad
Avelino Dos Santos dice haber llegado a Chile desde Brasil hace más de veinte años. Su carpa está instalada desde el invierno pasado en la esquina de 5 de abril con Cocharcas. La ONG Apoyo y Esperanza se la regaló como “una situación excepcional” porque él se negaba a ir a un albergue. 

“A mi me gusta la tranquilidad y la calle, el otro día había problema porque yo quería fumar”, afirma sobre por qué se niega a ir a una residencia. 

Estela Rodríguez, encargada de Apoyo y Esperanza, enfatiza que por su personalidad algunas personas en situación de calle no se logran adaptar a los albergues. “Ponen demasiadas reglas, y dada las características de estas personas, que se fueron a la calle por estar libres, eso a veces es una barrera para ellos”, dijo. 

Avelino asegura que decidió vivir en la calle desde que su esposa falleció de un infarto hace más de diez años. “Es cosa mía, yo lo elegí; mis hijos creyeron que yo era el que había muerto”.

Comentarios