2018: bienvenidas las nuevas oportunidades

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2018-01-15
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

El 2017 fue un año intenso que nos dejó, a unos más a otros menos, un grado de gusto y disgusto, de dulce y de agraz. Cada uno ha enfrentado sus propias luchas personales para salir del infantilismo que nos aísla y entorpece la relación con los demás, no pocas veces victimizándonos por situaciones que son más responsabilidad propia que de otros. En lo comunitario Chile avanzó, en los últimos meses, en un contexto de alta tensión electoral y sorpresivos resultados de las votaciones. Hemos aprendido que la democracia hay que cuidarla y que, en medio de nuestras diferencias y divergencias, todos somos importantes para construir una patria unida y feliz, donde cada chileno encuentre en justicia su lugar y plenitud de vida. El 2018 nos ofrece una oportunidad renovada para construir el país que soñamos, dejando atrás las rencillas del pasado y proyectarnos como una nación unida, que da ejemplo de respeto a sus instituciones y tradición.

El año nuevo también nos ha traído más cerca la visita del Papa Francisco, que no es solamente la de un jefe de Estado o líder religioso que viene a animar a sus seguidores, sino que es la presencia del hermano que nos trae la paz. Muchos no logramos percibir el profundo e histórico alcance que tiene el Papa Francisco para la humanidad entera, con sus mensajes y testimonio de vida que pone a los cristianos en camino de renovación y fidelidad a las enseñanzas del Maestro Jesús. Las consecuencias para los próximos pontificados las podremos constatar, como en los tiempos de grandes renovadores como San Francisco de Asís, con la ayuda del tiempo y distanciándonos de la histórica decisión del Papa Benedicto quien nos sorprendió con su humilde actitud de servicio, renunciando al Pontificado. La lucidez y humildad de Benedicto, junto a la fuerza renovadora y testimonial de Francisco auguran para la Iglesia tiempos nuevos de profunda transformación.

El impacto mediático del Papa Francisco ha trascendido las esferas de nuestra Iglesia, y se ha convertido en respuesta a un anhelo de esperanza para toda la humanidad. Su actitud cercana, misericordiosa y alegre toca el corazón de todos motivando sentimientos de reconciliación y paz en el año que hemos comenzado recientemente. Su enseñanza toca temas de mucha actualidad para el mundo de hoy, desafía al sistema económico imperante y desenmascara la exclusión de personas, fruto de la idolatría del dinero que produce inequidad, violencia y se aleja de la actitud evangélica del servicio a los más pobres. 

Vivimos tiempos de esperanza, que nos desafían personal y comunitariamente a asumir una nueva actitud de diálogo, colaboración y vivencia del amor verdadero. Más allá de las estructuras y las organizaciones, lo que transforma el mundo es el compromiso valiente y testimonial de la fe, y ello nos llama a una profunda conversión y cambio en el estilo evangelizador. Solamente de esa manera la esperanza que nos anunciará el Papa será una respuesta al anhelo de fraternidad y paz, vividas al estilo de San Francisco de Asís. 

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