Con cultos y venta callejera apuntan a la rehabilitación

Por: C. González / J. Chávez Fotografía: La Discusión 08:15 PM 2018-01-13

Aquella oportunidad que nadie les quiere dar debido al oscuro pasado y fresco presente delictual que cargan encima es lo que dice entregar Óscar Jara a todos los que buscan ayuda en la iglesia que lidera en el sector surponiente de Chillán.

El Ministerio Evangélico Eben Ezer abrió sus puertas el 2006 en la capital de la Región de Ñuble por iniciativa de Jara, quien admite que hasta hace una década su vida era el robo y tráfico de drogas, delitos que en más de una oportunidad le valieron caer preso.

“Hace casi 22 años llegué a un centro de rehabilitación parecido. Luego de recibir el apoyo por aproximadamente cuatro años y al ver la necesidad de muchas personas que pasaban lo mismo que había pasado yo, me motivé a abrir un centro para ayudar a la gente que lo necesitaba”, comenta el pastor.

Las oraciones, cultos y el comercio informal de productos de plástico para financiar el proyecto religioso-social son la fórmula que utiliza el consejero espiritual que, de manera simple, resume en solo una palabra su iniciativa:  “confianza”.

Negocio en terreno
Un grupo de 35 personas acoge el Ministerio Eben Ezer en los dos locales que tiene habilitado en Chillán.

Según argumenta el pastor, la imposibilidad de obtener recursos mediante subvención económica gubernamental o edilicia los obliga a buscar mecanismos que tienen a la mano para hacerse del faltante dinero que los mantenga en pie.

“El trabajo que se les da a todos es vender productos de plástico puerta a puerta(...), sobre lo que consiguen vender reciben un porcentaje o bonificación. Esto nos permite cubrir los gastos en alimentación y también para pagar el arriendo, agua, luz, cable y todo lo que conlleva la mantención; ellos no tienen ninguna necesidad acá, tienen un poco más de lo básico incluso”, recalca.

Óscar Jara enfatiza que de no echar mano a este sistema de recaudación no podrían hacer posible el funcionamiento del establecimiento de ayuda, razón por la cual destaca el aporte de sus feligreses, quienes, a su entender, solo responden a la confianza que les ha entregado.

El pastor no desaprovecha la oportunidad para criticar lo que él llama una desidia del Estado para proyectos como el que emprende.

“Lo que más le cuesta a esta gente es reinsertarse a la sociedad, es volver a tener la oportunidad de un empleo y que crean que tienen un cambio real de vida sin que lo firme un doctor (...). Creo que el Estado más que hacerse parte de algo pequeño lo termina destruyendo, porque traen sus propias hipótesis y mientras no acepten que existe un Dios que puede cambiar al hombre, nunca vamos a tener una idea afín”, detalla el líder.

Fuerza comercializadora
Por los pasillos del mercado de la plaza Sargento Aldea, en la feria y por las calles cercanas al principal centro de abastos de la comuna, suelen ofrecer sus productos las personas en rehabilitación.

Fuentes y envases de plástico a solo $500 y $1.000 es la oferta que gritan a viva voz los jóvenes, a los que incluso es posible verlos con lotes de más de 20 unidades para la venta que, de ser comercializados en su totalidad, dejan no menos de $10.000, los que se aseguraría la iglesia en la jornada solo por un feligrés.
Si bien por diferentes razones no siempre coinciden los 35 en una buena jornada de ventas, el darse ese inmejorable escenario le podría significar al centro juntar en un solo día aproximadamente $350.000, monto del que se debe extraer una parte como premio para el que realizó la venta.

Cuando no son los transeúntes que van de paso o los clientes del céntrico punto de ventas los que adquieren la mercadería, son los propios feriantes y locatarios quienes se hacen de los utensilios.

Expansión
La iniciativa socio-religiosa ha traspasado las fronteras de Ñuble y Óscar Jara comenta que tienen presencia en otras dos regiones más.

En el Bío Bío las comunas de Los Ángeles y Cabrero también saben de la obra y Ovalle, en la nortina Región de Coquimbo, igualmente predican la palabra de Dios y sostienen el proyecto gracias a las facilidades para la venta que tienen las personas que quieren encontrarle un rumbo a sus vidas. 

“Ellos no cumplen un horario y trabajan para que se mantenga esta ayuda (...), en el centro todos gozan de lo mismo,  incluso yo. No porque sea el pastor tengo un trato especial; vivo con ellos, como lo mismo que ellos comen y comparto con ellos”, indica.

Respecto a un caso especial en Ovalle donde un prófugo de la justicia se refugió en el local de rehabilitación, Jara  explica que luego de que carabineros se lo llevó detenido, pudieron convencer a la comunidad que se trataba de un hecho puntual y desafortunado.

“Rompimos ciertas reglas y optamos por recibirlo (...); a veces tenderle la mano a un delincuente o drogadicto pareciera que es malo para la sociedad”, explica.

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