Desequilibrio provincial

Por: La Discusión 2018-01-09

La creación de la Región de Ñuble ha generado grandes expectativas entre los habitantes de las 21 comunas, por el eventual aumento de los recursos disponibles para inversión, dejando atrás décadas de centralismo intrarregional, en que buena parte de los fondos se han concentrado en la Provincia de Concepción.

Sin embargo, para evitar que la nueva unidad político-administrativa se transforme en una gran decepción, es imperativo que en su diseño y construcción exista un necesario consenso respecto de la equidad territorial en las carteras de proyectos y en la priorización de éstos. 

En ese contexto, las cifras sobre las inversiones proyectadas para la  nueva región,  publicadas el pasado domingo,  vienen a confirmar el temor de los alcaldes de las comunas pequeñas por una eventual repetición del paradigma centralista que ha caracterizado la gestión de los recursos públicos en la historia de Chile, y que fue precisamente el germen que motivó el anhelo de los ñublensinos de separarse de la Región del Bío Bío.

En efecto, el Banco Integrado de Proyectos (BIP) del Ministerio de Desarrollo Social considera una cartera de proyectos comunales que suman $494 mil millones, de los cuales un 67%, es decir más de $332 mil millones, se concentran en la provincia de Diguillín, principalmente en Chillán $232 mil millones). En contraparte, la Provincia de Punilla se queda con el 19% ($91 mil millones), y la Provincia de Itata con el 14% ($69 mil millones). 

Este enorme desequilibrio debería preocuparnos a todos, pues configura un centralismo intrarregional de origen que puede prolongarse y en la práctica perpetuar inequidades entre la provincia más poblada y las otros dos que ya hoy exhiben un importante rezago en materia económica y de acceso a servicios básicos. 

Para ello, sostienen los alcaldes de las comunas más pequeñas de la región, es clave dejar de lado el criterio demográfico en la priorización de proyectos, ya que si bien es el criterio de mayor rentabilidad política y económica, no contribuye a corregir las inequidades sociales que existen en el territorio. 

En ese sentido, un elemento fundamental en la planificación presupuestaria de la futura región de Ñuble debe considerar factores de corrección y compensación territorial, a partir de un levantamiento de necesidades cuya satisfacción permita a las comunas más rezagadas mejorar sus indicadores críticos, como las tasas de pobreza, acceso a educación, conectividad, empleo e inversión privada, entre otros. 

Como se ha dicho, la creación de la región no es la panacea y no constituye una solución en sí misma, sin embargo, es la gran oportunidad de Ñuble para lograr un desarrollo armónico del territorio, a partir de la equidad en la distribución de los recursos públicos, y evitar de esa forma replicar el funesto modelo centralista que tanto daño le ha hecho a esta zona.

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